Cuando un joven decide abrazar profesionalmente a la música clásica, aprender a tocar su instrumento ocupa apenas una parte del camino: audiciones, concursos, orquestas juveniles, profesores, lestudios superiores y una sucesión de oportunidades que pueden determinar si aquella vocación consigue convertirse algún día en una profesión.
Los dominicanos Yohali Montero y Héctor Almánzar conocen varias de esas etapas y esta semana añadirán otra a sus trayectorias al participar en la Academia Latinoamericana de Música Avanzada, ALMA, que se desarrollará en Frutillar, Chile, actividad formativa que culminará el venidero 3 de octubre con un concierto en el Teatro del Lago, uno de los centros culturales más importantes de Sudamérica y el teatro internacional más austral del mundo. Ambos fueron seleccionados para la edición dedicada a orquesta y camerata, que reunirá durante siete días a jóvenes músicos latinoamericanos y se produce dentro del convenio de colaboración entre Fundación Sinfonía y la Escuela Superior de Música Reina Sofía de Madrid.
El acontecimiento tiene nombres propios, aunque también permite explicar algo que pocas veces aparece cuando hablamos de talentos: ¿qué necesita realmente una persona para construir una carrera en la música clásica en 2026?, una dimensión que explica lo que hay detrás del concierto que disfrutamos.
Tocar bien es apenas el comienzo
Un artista popular puede acelerar su carrera mediante una canción, una audiencia digital, una colaboración o una identidad escénica capaz de conectar con el público. En la música clásica, el trayecto suele depender más de credenciales formativas, audiciones, repertorio, experiencia orquestal y acceso a instituciones especializadas. Son caminos distintos y ambos exigen oficio, pero sus mecanismos de entrada y consolidación funcionan de manera diferente.
El primer requisito es dominar el instrumento. En la música clásica eso implica años de estudio técnico, lectura musical, repertorio, entrenamiento auditivo y práctica cotidiana. Sin embargo, el sistema profesional comienza a seleccionar mucho antes de que el músico consiga un empleo estable. Los concursos permiten medir su nivel frente a otros intérpretes; las orquestas juveniles ofrecen experiencia colectiva; las becas facilitan el acceso a profesores o centros especializados, mientras las audiciones van abriendo o cerrando puertas.
Las carreras de Montero y Almánzar muestran ese proceso de acumulación. Yohali ganó en 2020 la categoría Senior del Young Musician of the Caribbean Award y al año siguiente fue seleccionada para las Becas para Jóvenes Instrumentistas Orquestales de Fundación Sinfonía. También ha actuado como solista junto a la Orquesta Sinfónica Nacional y la Sinfónica Nacional Juvenil, se formó en The Glenn Gould School del Royal Conservatory de Toronto y actualmente cursa una maestría en Interpretación de Violín en la Schulich School of Music de McGill University.
Héctor Almánzar ganó la categoría Junior del mismo concurso en 2024, fue clarinete principal de la Orquesta Juvenil Nacional y de la Orquesta Juan Pablo Duarte, y actualmente estudia en Berklee College of Music, donde ocupa la posición principal de clarinete en la Berklee Contemporary Symphonic Orchestra. Su recorrido incluye formación y experiencia en República Dominicana, Reino Unido y Estados Unidos.
El patrón resulta revelador: ninguno de esos logros funciona aisladamente. Una carrera empieza a tomar forma cuando cada experiencia prepara al músico para la siguiente.
Lo que una academia enseña fuera del instrumento

Aquí aparece ALMA, la Academia Latinoamericana de Música Avanzada, desarrollada por Teatro del Lago en alianza con la Escuela Reina Sofía, dirigida a jóvenes músicos de América Latina y qe combina perfeccionamiento musical, mentoría, experiencias escénicas y desarrollo profesional. Para su convocatoria de Camerata 2026 acepta instrumentistas de entre 18 y 27 años.
Para entender por qué esto importa conviene explicar qué ocurre dentro de una camerata. Se trata de una agrupación instrumental más reducida que una gran orquesta, donde cada músico queda mucho más expuesto y debe prestar especial atención a lo que hacen los demás. Esa experiencia desarrolla competencias directamente relacionadas con la vida profesional: una orquesta no contrata únicamente a alguien capaz de ejecutar un pasaje difícil; necesita un músico que pueda integrarse, responder al director, comprender el estilo de una obra y trabajar con otros intérpretes.
Y la formación va aun más allá. Instituciones como la Escuela Reina Sofía han incorporado programas dedicados expresamente a la empleabilidad, con talleres y mentorías sobre la realidad laboral de la música clásica y la construcción de carreras sostenibles, entendiendo que el músico contemporáneo debe aprender también a preparar audiciones, conocer cómo funciona el sector, relacionarse profesionalmente y encontrar diferentes formas de generar ingresos. Para muchos intérpretes jóvenes, la carrera termina siendo una combinación de trabajo orquestal y gestión artística.
De tener talento a encontrar oportunidades
El otro aprendizaje que deja este caso tiene que ver con República Dominicana. Formar buenos músicos constituye una parte; crear rutas para que puedan continuar creciendo constituye otra.
El convenio, firmado en enero de 2025 entre Fundación Sinfonía y la Escuela Superior de Música Reina Sofía, contempla clases magistrales de profesores y antiguos alumnos, becas para dominicanos admitidos en la institución española y conciertos de estudiantes y egresados en República Dominicana. Desde entonces comienzan a aparecer resultados concretos: el contrabajista Johan Reyes fue admitido en la Reina Sofía con una beca de Fundación Sinfonía, mientras profesores vinculados a la Escuela han impartido actividades formativas en Santo Domingo. La participación de Yohali Montero y Héctor Almánzar en ALMA añade otro eslabón a esa cadena.
Cuando ambos suban al escenario del Teatro del Lago el próximo 3 de octubre, el concierto será la parte visible de ese proceso. Pero la carrera de un músico, sin embargo, se construye mucho antes del aplauso.








