La soprano dominicana Nathalie Peña-Comas desvelará el 13 de octubre en todas las plataformas digitales su nuevo proyecto discográfico, Quinto Elemento: Tierra, una propuesta que, de entrada, invita a examinar una cuestión poco frecuente en nuestro panorama musical: ¿hasta dónde puede llegar una cantante formada en la ópera cuando decide explorar el repertorio popular sin renunciar a los conocimientos adquiridos durante años de estudio?
La respuesta, desde junio, comenzó a escucharse en sus dos últimos sencillos, Esclavo y Amo y Sombras nada más, donde el bolero y la bachata dominicana conviven con recursos vocales e instrumentales procedentes de otras tradiciones y que delatan que la artista parece interesada en ampliar sus posibilidades interpretativas y establecer una relación más directa con públicos acostumbrados a escuchar otros géneros, sin abandonar su identidad.
La voz clásica frente a la canción popular
El título Quinto Elemento: Tierra remite a la procedencia cultural de la artista y a su interés por integrar experiencias musicales. En el marco del lanzamiento de su primer sencillo, en conversación con quien suscribe, Peña-Comas lo explicaba con una declaración que ayuda a entender el sentido del proyecto: “Con este proyecto, siento que he encontrado un lenguaje musical profundamente personal y descriptivo, un espacio creativo donde convergen mis raíces caribeñas, mi formación clásica y todas las experiencias culturales que he acumulado a lo largo de mi vida entre América y Europa”.
Así llegó Esclavo y Amo, el bolero ranchero compuesto por José Vaca Flores que alcanzó enorme popularidad gracias a Javier Solís. Peña-Comas lo recuperó en junio con una producción dirigida por Enrique Martínez y grabada en Los Ángeles, donde participaron músicos como Vinnie Colaiuta, Carlitos Del Puerto y Pedro Eustache. Este último incorporó el duduk, instrumento de viento tradicional armenio cuyo timbre aporta un color particular a una composición profundamente vinculada con la cultura mexicana.
El siguiente paso llegó en septiembre con Sombras nada más, canción de Francisco Lomuto y José María Contursi, también asociada a Javier Solís, que Peña-Comas llevó al ritmo de bachata. El bongó y la güira, interpretados por Rafael Carrasco, establecen una referencia rítmica reconocible, mientras el violonchelo de Nicole Peña-Comas y los trombones de Francisco Torres amplían la instrumentación.
Un lenguaje en construcción
Pero, yendo un poco más atrás, su discografía muestra que el interés por combinar tradiciones tiene antecedentes claros. En 2017, Peña-Comas publicó Alta Gracia, dedicado a la música sacra e integrado con elementos del folclore dominicano, un álbum que recibió una nominación al Latin Grammy en la categoría de música clásica.
Ese mismo año presentó Una Mujer, producido por Manuel Tejada, con colaboraciones de Maridalia Hernández, Raulín Rodríguez y Plácido Domingo Jr. La presencia de un bachatero como Raulín Rodríguez junto a intérpretes de otras tradiciones anunciaba una disposición a trabajar fuera de las fronteras habituales del canto lírico. También en 2017 apareció Souvenir Latino, grabado con el Ensamble Spirituosi, agrupación que reunió instrumentos de formación clásica para interpretar repertorio latinoamericano.
“Más que transgredir, buscamos ampliar. Entendemos que las grandes canciones no pertenecen únicamente a un género o a una época; tienen la capacidad de viajar, transformarse y seguir emocionando a nuevas generaciones y culturas. Ese es precisamente el convencionalismo que quisimos desafiar: la idea de que una obra maestra debe permanecer confinada a una única estética para conservar su valor. Esta propuesta también refleja mi propia historia.
Soy una joven caribeña que ha vivido gran parte de su vida en Europa, en contacto permanente con artistas, tradiciones y sensibilidades de todo el mundo. En ese sentido, la World Music es el lugar donde me siento más libre para expresarme, porque me permite integrar todas esas influencias y construir puentes entre culturas” refería Nathalie sobre Quinto Elemento: Tierra en nuestra reciente conversación.








