Eugenio Deschamps. Nació en Santiago de los Caballeros el 15 de julio de 1861 y falleció en la ciudad que lo vio nacer el 27 de agosto de 1919. Hijo de Eugenio Deschamps, de origen francés, y la dominicana, santiaguera, Natividad de Peña. Recibió su educación base de su padre y de su tío, el educador Manuel de Jesús de Peña y Reinoso.
En Santiago de los Caballeros fundó los periódicos: “La Alborada” (1883) y “La República” (1883). Este último suspendido, y su director, Eugenio Deschamps, hecho preso por órdenes del presidente de la República Ulises Heureaux Level (Lilís). En Montecristi creó el decenario “Las Brisas” (1887) y el periódico “La Esperanza” y en San Pedro de Macorís editor de la hoja suelta: “Boletín Nacionalista”.

Opositor de Lilís. Estuvo exiliado en Islas Turcas y en Puerto Rico. En la Isla del Encanto permaneció 14 años. Allí fundó el periódico “El Correo”, la revista “Alma Antillana” y redactor del periódico “La Democracia”. Colaboró para los periódicos y revistas dominicanas: “El Propagador”, “Letras y Ciencias” y el “Listín Diario”.
En 1883 la sociedad “La Democrática”, de Moca, lo designó “socio honorario”. Fundó las sociedades: “La Dramática” (1883), “La Aurora del Arte” (1883), “Alianza Cibaeña” (1884) y “La Trinitaria” (1884).

El historiador, biógrafo y educador Rufino Martínez, escribe sobre un incidente ocurrido en la Gobernación de Santiago: “Sucedió que con motivo de la celebración del 27 de Febrero del año 1884, en el acostumbrado brindis del acto oficial en la Gobernación, el señor Augusto Franco Bidó alzó su copa por Santana e hizo su apología como libertador. Deschamps, allí presente, en señal de protesta, vertió el contenido de la suya en el suelo, declarando fogosamente no ser aquel el lugar ni momento de exaltar a los tiranos”. (Martínez, 1971).

Miembro fundador de la sociedad “La Progresista del Yaque”, de la que ocupó el cargo de secretario de la primera directiva. En 1885, la sociedad “La Regeneradora” de La Vega, lo nombró su representante ante la sociedad “La Trinitaria” de Santiago.
Eugenio Deschamps residió en varias ciudades del territorio dominicano: Santo Domingo, San Pedro de Macorís, Montecristi, Dajabón, Puerto Plata y por supuesto, Santiago de los Caballeros.
A pesar del asedio al que fue sometido por sus ideas políticas liberales, se casó con Balbina Chávez, nativa de Montecristi, con la que procreó diez hijos.

Escribió y publicó las obras: “A las sociedades políticas” (1888), “Notas y reflexiones sobre nuestros límites occidentales” (1888), “Esbozo de una idea” (1889), “Réprobo” (1897), “Juan Morel Campos” (1899), “Ecos Tribunicios” (1902), “Inri” (1902), “Mis destierros” (1905), “Contra Roosevelt” (1909), “Mi raza” (1911) y “Discurso de bienvenida a José de Diego” (1915).
El 3 de abril de 1898, se encontraba exiliado en Puerto Rico. Mientras caminaba por una calle de Ponce fue víctima de dos disparos a la espalda que le infirió “Águila Blanca”, un sicario contratado por el presidente Ulises Heureaux Level (Lilís).

Sobre este acontecimiento, el historiador Roberto Cassá y la historiadora Betty Almonte, precisan: “Mientras se desempeñaba como periodista en Ponce, Deschamps sufrió un atentado. Fue perpetrado por el español José Pamblanco, quien comisionó al cubano Serapio Acosta. Heureaux dispuso la entrega de una suma de dinero a Pamblanco durante una visita de este a Santo Domingo. Tras recibir dos impactos de balas, cuando caminaba apaciblemente por una calle de Ponce, Deschamps se repuso al instante y persiguió a los agresores. Acosta y su acompañante fueron identificados y detenidos. Deschamps estuvo cierto tiempo al borde de la muerte. Un sonado juicio demostró la culpabilidad del Tirano. Este ominoso capítulo tuvo un desenlace más terrible, cuando se le aplicaron rayos X con una máquina propiedad del ejército estadounidense, llegado poco antes a Puerto Rico. El propósito era ubicar el lugar en que tenía alojadas dos balas, que no le habían sido extraídas por el peligro que suponía una cirugía. Pero todavía los rayos X era una tecnología reciente, lo que explica que se cometiera un error que llevó a Deschamps al borde de la muerte y a padecer dolores espantosos. Por meses perduraron los sufrimientos, y toda su vida ulterior quedó marcada por este incidente”. (Almonte, 2012).
Desempeñó las funciones públicas siguientes: diputado (1899), no tomó posesión, secretario de Estado de Correos y Telégrafos (1899-1900), secretario de Estado de Hacienda y Comercio, interino (1899-1900), secretario de Estado de Relaciones Exteriores, interino (1900), secretario de Guerra y Marina, interino (1900), secretario de Fomento y Obras públicas, interino (1900) y Gobernador de la provincia Puerto Plata (1900-1902).
Ocupó la vicepresidencia de la República, en el gobierno efímero de Alejandro Woss y Gil (1903). Distanciado del activismo político nacional, se suma a la campaña que lleva a la presidencia de la República a Juan Isidro Jimenes (1914-1916).

El escritor y exmandatario Joaquín Balaguer rememora la figura legendaria de Eugenio Deschamps, argumentando: “Entre los oradores dominicanos cuya presencia en la tribuna constituyó siempre un espectáculo por la importancia de su continente, según testimonio de quienes les escucharon, se encuentran Fernando Arturo de Meriño y Eugenio Deschamps. Ambos utilizaron con maestría los recursos histriónicos de la oratoria. Los brazos del primero se agitaban como las alas de un arcángel vengador en el púlpito, y la voz del segundo se elevaba desde la tribuna popular como la de un dios olímpico. Sólo una vez alcancé a divisar la figura de Eugenio Deschamps mientras avanzaba frente al Palacio Municipal de Santiago ante la admiración de cuanto habían tenido la ocasión de oírle en la arenga política o de seguir los vuelos de su fantasía en la disertación académica, pero sí sé, por habérselo oído muchas veces a Estrella Ureña, que nadie en el país ha poseído ni su potencia verbal ni su vuelo oratorio. Sus discursos no sólo son los más perfectos que poseemos desde el punto de vista literario, sino que desde su boca las palabras parecían fluir con el poder avasallador de una fuerza de la naturaleza”. (Balaguer, 1989).
Entre los amigos de Eugenio Deschamps: José Martí, Máximo Gómez, Eugenio María de Hostos, José de Diego, Juan Morel Campos, Vicente Llorens Castillo, Fernando Arturo de Meriño, Pedro Francisco Bonó, Pedro María Archambault, Alejandro Woss y Gil, Francisco Gregorio Billini, Juan Isidro Jimenes, Nord Alexis, Demetrio Rodríguez, Ricardo Limardo, Víctor M. de Castro, Pablo López Villanueva, Agustín Morales y Pablo Reyes.

Sobre su muerte, la revista “Renacimiento” le dedicó una página donde manifiesta pesar por la partida del abnegado escritor, periodista contestatario, orador apasionado y político liberal. El contenido refiere: “La República, de un extremo a otro, ha suspirado de dolor por la muerte de Eugenio Deschamps, el tribuno y el patriota, alma de bronce y corazón tierno a la desgracia, aleación poco abundante en el mundo porque generalmente asesora a los hombres geniales. La Prensa Nacional ha enlutado sus columnas, y de todos los ámbitos de la República ha surgido una nota sentida por la desaparición de aquel que fue, más que un hombre, el símbolo de una época. Triste hado el de la genialidad de los grandes. Sus postreros instantes se ven amargados por la pesadumbre, fruto de crueles desengaños. Parece como si algo invisible y formidable pesara sobre ellos. No importa que su vida se dedicase por entero al servicio de la patria, al adelanto de la ciencia o de las artes, a un altruismo de todos los instantes en bien y provecho de la humana especie. Nada vale; sólo contados hombres han podido librarse de la oculta saña de los hados. Eugenio Deschamps ha muerto. Sobre su tumba caigan incesantes las flores del recuerdo, Como un rocío perenne para los despojos del buen dominicano que acaba de ausentarse hacia la Gran Patria. Sea con su familia nuestra palabra condolida e ingenua”.(Eugenio Deschamps, 1919).

A partir del año 2000 se han escrito tres valiosos libros que tratan la vida y obra de Eugenio Deschamps. Estos son: “Eugenio Deschamps” de Roberto Cassá. Colección Biografías Dominicanas. TOBOGAN, 2001, “Eugenio Deschamps: Político y Periodista” de Julio Jaime Julia. Serie Periodismo, 2004; y “Eugenio Deschamps: Antología” de Roberto Cassá y Betty Almonte. Colección Archivo General de la Nación, Volumen CLXVI, 2012.

El presidente Joaquín Balaguer emitió el Decreto No. 2140, del 7 de abril de 1972, en el que ordena el traslado al Panteón Nacional de los restos de personalidades dominicanas que hicieron aportes a la educación, la historia, las letras, la política y a la Patria; incluido el nombre Eugenio Deschamps.
Los restos de Eugenio Deschamps se encontraban sepultados en la Catedral Metropolitana Santiago Apóstol “El Mayor”. Durante la “restauración” al templo en la década del 90 fueron exhumados sus restos sin el asesoramiento de un especialista en antropología y no se sabe a dónde han ido a parar. Pero sí el clero y encargados de la obra se esmeraron en conservar en su mismo lugar los de su enemigo político, el dictador Ulises Heureaux Level (Lilís).
En Santiago un liceo, una calle y una biblioteca pública honran el nombre del ilustre Eugenio Deschamps.

Bibliografía
– Almonte, R. C. (2012). Eugenio Deschamps Antología. Santo Domingo: Editora Búho.
– Balaguer, J. (1989). Memorias de un cortesano de la "Era de Trujillo". Santo Domingo: Editora Corripio, C. por A.
– Eugenio Deschamps. (1919). Renacimiento. Revista Miscelánea.
– Martínez, R. (1971). Diccionario Biográfico-Histórico 1821-1930. Santo Domingo: Editora de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.









