Gabriel del Orbe Castellanos. Nació en Moca el 18 de marzo de 1888. Falleció en La Vega el 5 de mayo de 1966, a los 78 años. Hijo de Manuel María del Orbe Oleaga y Carolina Castellanos Fondeur. Su vocación musical la inició tocando el violín cuando tenía tres años de edad. Su padre fue su primer maestro, el que lo introdujo en el arte de combinar el sonido con el tiempo. Otros profesores de música fueron Francisco Soñé de León, de La Vega; y Claudio José Brindis de Salas, de Cuba.
Se cuenta de Gabriel del Orbe lo siguiente: “Desde los tres años de edad, este predestinado hacía violines con pedazos de yagua y cuerdas de goma (tiras elásticas de zapatos viejos). Estos violines de yagua fueron sus juguetes favoritos”. (Enciclopedia Dominicana, 1978).
A los siete años de comenzado sus estudios de solfeo y violín, tocó en su casa un estudio del músico y compositor francés Jean Delphin Alard, lo acompañó el cubano y virtuoso del violín, Brindis de Salas. De este episodio el músico, escritor y educador Julio de Windt, escribe lo que le reveló Gabriel del Orbe: “Ofrecí mi primer concierto a los siete años en casa de mi padre, encontrándose presente el gran violinista cubano Brindis de Salas, quien tocó una de sus composiciones titulada: “Neurosis”, y un arreglo de la Abuelita de Zange. Había muchos invitados, yo toqué y canté melodías de Augusto Samie y el “Mono Perpetuo” de Paganini. Me acompañó al piano Dionisia mi hermana como más tarde lo hiciera en mis giras por Europa”. (Windt, Testimonios de un Director de Orquesta, 2000).

Luego debutó en el Centro de Recreo de Santiago, emocionando y dejando anonadado a los invitados. Sobre este acontecimiento, el historiador, periodista, diplomático y político, Pedro Manuel Hungría, fundador del Archivo Histórico Municipal de Santiago, reseña: “El violinista Gabriel del Orbe (de 8 años de edad), ofreció un recital a la sociedad Centro de Recreo, el que tuvo efecto la noche del 16 de febrero de 1896. Prestaron colaboración algunos artistas miembros del Centro”. (Hungría, 1946).
Residió durante un tiempo en Cuba. En aquella nación caribeña trabajó en el “Teatro Albizu”, “Tacón” y el “Centro Asturiano”. De allí viajó y se presentó en el Conservatorio de Música de Venezuela; posteriormente en el Club Cercle Pot-Au-Proncien, de Puerto Príncipe, Haití; en el Palacio del Gobierno de Puerto Rico, en el Carnegie Hall de New York y en el Conservatorio de México.
El presidente Ignacio Andrade, de Venezuela, lo condecoró con el “Collar de Bolívar” (Orden del Libertador) y el Gobernador Luis Muñoz Marín, de Puerto Rico, con la Medalla de Oro.

El Estado dominicano, presidido por el presidente Ramón Cáceres, le concedió una beca para que profundizara su vocación musical en Europa. Se marchó a París y de allí a Leipzing, Alemania, donde ingresó al Real Conservatorio de Música. Se graduó con las más sobresalientes calificaciones el 3 de abril de 1909. También hizo un posgraduado en música con el reconocido maestro francés Henry Marteau.
Gabriel del Orbe participó, como virtuoso del violín, en decenas de conciertos organizados por la orquesta del Conservatorio Real de Leipzig, en la sala Blutlener, de Berlín, junto a Jan Kubelik, Hans Sitt, Mischa Elman, Edmundo von Strauss, Juan Manen y Eugen Stern.

El periódico alemán, Leipziger Volkzeitung, destacó de Gabriel del Orbe, el dominio de la música y de su instrumento: “Como de costumbre hizo gala de su técnica impecable en la bella “Sinfonía Española” de Laló, y en la “Fantasía para violín solo” de Saint Lubin, de escollos y dificultades que únicamente virtuoso de la talla de Del Orbe pueden avanzar y vencer; desplegó en todo su esplendor su elevado temperamento artístico en obras de Schubert, Handel, Elgary en la “Serenata Andaluza” de Sarasate, lo mismo que en la “Erótica”, composición del mismo de Del Orbe, en la que como en todo lo que hasta ahora le hemos escuchado, el técnico deja libre paso al músico-poeta, al soñador que en las cuerdas de su instrumento nos hace oír cantos tan dulces, sentimentales y melancólicos, susurros de las florestas de su tierra y los enamorados suspiros de las vírgenes de su trópico”. (Enciclopedia Dominicana, 1978).

El 26 de agosto de 1916 ofreció un concierto en el Teatro Colón de Santiago de los Caballeros y una velada en el Club Santiago. En 1927, para conmemorar el centenario de la muerte del célebre músico y compositor alemán Ludwig van Beethoven, presentó un concierto en San Pedro de Macorís y un recital en el Centro Cultural de Barahona. En 1939 el gobierno dominicano lo designó “Agregado Cultural de Legiones y Consulados” y le obsequió un violín marca Rugeri del siglo XVII creado en Brescia, al norte de Italia.
Compuso memorables obras que enriquecen el pentagrama musical dominicano. Se destacan: cámara para violín y piano: “Erótica” y “Pequeña Leyenda”; varios estudios armónicos: “Berceuse”; tres danzas españolas: “Danzas tropical”; vocales: 30 canciones para soprano, con textos poéticos de Fabio Fiallo y Ramón Emilio Jiménez; para piano cinco piezas: “Rapsodia”. Otras piezas suyas son: “Adagio”, “Serenata”, “Impromptu” “Cuatro Polonesas”, “dos Romanzas, “Mazurca”; dueto para violín: “Trío” y “Cuarteto”. Otras: “Linda cubana”, “Capricho criollo”, “Minuet in F. para piano”, “Reclamo, tango-canción”, “Serenatas para piano”, “Marcha”, “Variaciones para flauta” y “Barcarolas”.

En su honor, la Escuela de Bellas Artes de Moca, provincia Ulises Francisco Espaillat, lleva su nombre.
El maestro Julio de Windt escribió que: “Aguardamos la esperanza de escuchar las composiciones de este gran violinista, aclamado por los políticos y la crítica más exigentes de su época, sobre todo en Berlín, Hamburgo, París, Nueva York y toda América del Sur”. (Windt, Testimonios de un Director de Orquesta, 2000).

Concluyo con esta conmovedora cita: “Este gran artista, se fue apagando en un medio ambiente que no estaba preparado para su gran talento. Encerrado en sí mismo, al final, el único contacto con el mundo que lo rodeaba, era un pequeño hilo melódico que sacaba de su fiel violín en las tardes. La gente humilde del barrio de “Las Plantas” en La Vega, se recogía a escuchar el pequeño sonido, a través del cual, el alma del artista volvía a ponerse (día a día) en contacto con el alma de su público. En medio de esa paz pueblerina, dejó de existir Gabriel del Orbe…”. (Enciclopedia Dominicana, 1978).

Bibliografías
(1978). Enciclopedia Dominicana. Barcelona: Impreso en España.
(1978). Enciclopedia Dominicana. En Enciclopedia Dominicana (pág. 139). Barcelona: Impreso en España.
Hungría, P. M. (1946). Apuntes para la Historia de Santiago. En P. M. Hungría, Pedro Manuel Hungría (pág. 18). Santiago de los Caballeros: Editorial El Diario.
Windt, J. D. (2000). Testimonio de un Director de Orquesta. En J. D. Windt, Testimonio de un Director de Orquesta (pág. 53 y 54). Santo Domingo: Banco Central de la República Dominicana, Departamento Cultural.
Windt, J. D. (2000). Testimonios de un Director de Orquesta. En J. D. Windt, Testimonios de un Director de Orquesta (pág. 156). Santo Domingo: Banco Central de la República Dominicana.








