Nuestra Señora de La Altagracia, también conocida como la Virgen de la Altagracia, es una de las advocaciones marianas más queridas y veneradas en la República Dominicana. Considerada por los católicos dominicanos como la Madre Protectora y Espiritual del pueblo, representa un símbolo profundo de fe, unidad y esperanza nacional. Aunque la Patrona oficial de la República Dominicana es la Virgen de las Mercedes, la Altagracia ocupa un lugar especial en el corazón de los dominicanos, siendo protectora espiritual y guía en momentos de adversidad.

Orígenes de la advocación y llegada a la isla
La devoción a la Virgen de la Altagracia tiene raíces en Extremadura, España, particularmente en localidades como Siruela (Badajoz) y Garrovillas de Alconétar (Cáceres), donde se venera con ermitas dedicadas a ella. La imagen que se honra en República Dominicana es un lienzo pintado al óleo que, según la tradición, fue traído por colonos españoles en el siglo XVI. Se atribuye su llegada a los hermanos Alonso y Antonio de Trejo, oriundos de Plasencia (Extremadura), quienes se establecieron en la villa de Higüey y ofrecieron la imagen a la parroquia local. Desde entonces, se convirtió en objeto de veneración en Salvaleón de Higüey, donde se le atribuyen numerosos milagros y protección.
Inicialmente, su fiesta se celebraba el 15 de agosto, coincidiendo con la solemnidad de la Asunción de la Virgen María. Sin embargo, eventos históricos posteriores llevaron a cambiar esta fecha.
La Batalla de la Sabana Real y el origen del 21 de enero
El 21 de enero se convirtió en la fecha oficial de celebración debido a un hecho histórico clave: la Batalla de la Sabana Real de la Limonada (también conocida como Batalla de Guárico), ocurrida el 21 de enero de 1691 durante la Guerra de los Nueve Años. En esta contienda, tropas españolas y criollas (incluyendo muchos voluntarios de Higüey y El Seibo), al mando del gobernador Francisco de Segura Sandoval y con participación destacada de Antonio Miniel, derrotaron al ejército francés comandado por Pierre-Paul Tarin de Cussy, gobernador de la parte francesa de la isla.
Los soldados de Higüey, devotos de la Virgen, invocaron su intercesión antes del combate, prometiendo una gran fiesta si salían victoriosos y regresaban sanos. La victoria se atribuyó a su protección milagrosa, y al regresar, los vencedores rindieron homenaje en su santuario. Desde entonces, se inició la tradición de celebrar su fiesta ese día en lugar del 15 de agosto.
En 1692, el arzobispo fray Isidoro Rodríguez Lorenzo aprobó oficialmente la celebración del 21 de enero como fiesta religiosa, reconociendo la devoción popular. Más tarde, en el siglo XIX, el arzobispo Fernando Arturo de Meriño solicitó a la Santa Sede la concesión de Oficio Divino y Misa Propia para esa fecha, argumentando que el 15 de agosto ya estaba reservado para la Asunción. La petición fue aprobada, consolidando el 21 de enero como festividad de precepto.
Reconocimiento oficial y coronaciones
En 1924, durante el gobierno del presidente Horacio Vásquez —un devoto de la Virgen—, se promulgó la Ley 3600, declarando el 21 de enero como día no laborable y fiesta nacional y religiosa en todo el territorio dominicano. Esta ley formalizó lo que ya era una tradición arraigada.
La imagen ha sido coronada canónicamente en dos ocasiones: el 15 de agosto de 1922 por el Papa Pío XI (durante la ocupación estadounidense, como símbolo de soberanía espiritual), y personalmente por el Papa Juan Pablo II el 25 de enero de 1979, durante su primera visita al país, quien le impuso una diadema de plata sobredorada. En 1992, durante su segunda visita, Juan Pablo II bendijo nuevamente la basílica. En 2022, el Papa Francisco envió una Rosa de Oro en el centenario de la primera coronación.

El santuario en Higüey y el Culto Altagraciano
El epicentro de la devoción es la Basílica-Catedral Nuestra Señora de la Altagracia en Higüey (provincia La Altagracia), construida entre 1954 y 1971 por orden del primer obispo de Higüey, Monseñor Juan Félix Pepén. Inaugurada el 21 de enero de 1971 por el presidente Joaquín Balaguer, reemplazó al antiguo santuario del siglo XVI. Declarada basílica menor por Pablo VI en 1971 y Monumento Dominicano, su arquitectura moderna con arcos que evocan las manos orantes de la Virgen es un ícono nacional.
Cada 21 de enero, miles de fieles de todo el país y del exterior peregrinan a Higüey en lo que se conoce como el Culto Altagraciano, la mayor manifestación de fe popular dominicana. La Virgen es patrona de Higüey, San José de Ocoa, Loma de Cabrera, Nagua, Hostos, una parroquia en la capital y otra en Santiago, y Santa Inés del Monte.
Significado actual
Hoy, Nuestra Señora de la Altagracia trasciende lo religioso para convertirse en emblema de identidad dominicana: protección en tiempos difíciles, unidad familiar y nacional, y fuente de esperanza. Su devoción une generaciones y refleja la profunda fe católica del pueblo. En palabras de muchos devotos, ella es la «Madre» que vela por la nación, recordándonos que, como en la batalla de 1691, su gracia alta siempre intercede.
¡Que Nuestra Señora de La Altagracia siga protegiendo y guiando al pueblo dominicano!








