Nelson Cerda confiesa haberse involucrado desde muy joven en el arte y en la política a través del Club Luz y Progreso del sector Ensanche Bermúdez. Después de permanecer por más de 10 años residiendo en Boston, Estados Unidos, regresó a República Dominicana a comienzo de los noventa. En el 1992 publicó un libro de poesía: “En Los Laberintos del Ser”, texto éste que había obtenido en 1991 el Primer Lugar del Concurso Literario Andrés Avelino, auspiciado por la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA). Seis años después, en el 1998, publicó el opúsculo: “10 poemas de Los Laberintos del Ser” y posteriormente las obras: “Poemas en llamas” (2021) y “20 poemas enigmas del Covid 19” (2024).
A partir de la muerte del poeta Dionisio López Cabral, ocurrida el 18 de noviembre de 2006, Nelson Cerda se valió de la narrativa para contar la historia de este apreciado personaje de Santiago de los Caballeros. Entendió, que sólo a través de la prosa era posible estructurar el mundo en el que estuvo inmerso el artista.
Eso de contar historia desde el lado yuxtapuesto a la vida, la inició Nelson Cerda en su libro: “La Ciudad y el Poeta”, donde Dionisio, protagonista de la novela, realiza desde la muerte un intenso recorrido por lo que fue su vida.

En su más reciente libro: “Héroes del Barrio”, Nelson cuenta la historia de Juan Ramón Ventura, un joven revolucionario del sector Ensanche Bermúdez, que formó parte de la guerrilla de Playa Caracoles comandada por el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó.
En esta obra no se presenta la historia del personaje principal como lo haría un historiador, el que obligatoriamente debe someterse al rigor de los métodos científicos establecidos, a la fidelidad de lo acontecido. El autor se limita a referenciar aspectos puntuales del protagonista, la verdad histórica subyace en el texto, pero es evidente que predomina la ficción.
La primera parte, qué empieza con la consonante S mayúscula, describe el asesinato de Juan Ramón Ventura. A partir de esta escena, su espíritu errante cuenta historias que se concatenan.
En esta parte, Ramón Ventura convertido en un espectro, refleja angustias existenciales. Ya en su otra dimensión, se encuentra con Cristo, Mahatma Gandhi, Nelson Mandela, Enrique Augusto Jiménez Moya, Manuel Aurelio Tavárez Justo y Ernesto Che Guevara; esto acontece en Isla Palmera. Supongo, que también por allí andaban René Descartes, Montesquieu, Voltaire, Simón Bolívar, Benito Juárez, Juan Pablo Duarte, San Martín, José Martí, Carlos Marx, Vladimir Lenin, León Trotski, Mao Zedong y Ho Chi Minh.
La segunda parte cuenta que la vida de Juan Ramón Ventura estaba predestinada al trágico desenlace debido a que su abuelo, el general Desiderio Ventura murió de un disparo en una lucha montonera del siglo XIX. La muerte de Ramón Ventura en similares circunstancias se vio como si en la familia pernoctara un Karma.

La parte narrada de la C a la J, conjetura que la aventura revolucionaria emprendida por estos patriotas estaba maldecida porque sucedieron acontecimientos extraños, tales como: dislocamiento de la brújula, mar picado, bote insuficiente, pérdida del mapa estratégico y pertrechos militares. Estos percances sumados a otros factores pautaron el fracaso de la guerrilla. Nelson Cerda describe el panorama de la manera siguiente:
“…calma, temor y silencio. Pueblos y campos eran como lápidas en el cementerio. Nadie salió a su encuentro, nadie les apoyaría. El cielo mismo que acompañó a las guerrillas de la raza inmortal (1959) y a los hijos del 14 de Junio (1963)”.
Hay en esta parte un pasaje narrado con gran sentido del humor y de la ironía, donde el “Octogenario Gobernante”, dispuesto a conservar el poder a cualquier precio se vuelve paranoico hasta el punto que ordena:
“… fabricar una Silla –observatorio de más de seis pies de altura, una maravilla universal nunca vista en el mundo, sentadera con almohadones acolchados, defecador portátil, facilidades para comer y beber, provista de las instalaciones y los equipos necesarios para una efectiva vigilancia, equipada con dispositivo ultrasensible: alarma que podía dispararse con sólo captar el leve sonido emitido por el batir de las alas de un mosquito. Para acceder a la silla-observatorio, el mandatario se auxilió de un montacargas”.
En este ambiente casi demencial del mandatario de turno, el vigía o custodio de la costa dominicana, no se percató de la llegada de la embarcación porque en ese preciso momento utilizaba el binocular al revés.
La parte que va desde la página nueve hasta la dieciséis trata la irregularidad del terreno de la Cordillera Central, la lluvia constante y el agotamiento físico y mental de los guerrilleros. Aquí los combatientes revolucionarios fueron sorprendidos por el capitán Fernando Moquete y el sargento Johnny Marty, mientras tomaban un descanso.
Nelson Cerda yuxtapone escenas para darle verosimilitud a la historia. Está bien manejada la caracterización de los personajes, el ambiente, el desenlace, el punto de vista, el centro de interés, la retrospección, el suspenso, el tono, el modo de expresión y el estilo.
En su recorrido por el mundo vuelto espejismo, Juan Ramón Ventura regresa a su infancia, recuerda el tren y a su padre Juan Antonio Ventura, que era muy parecido a él. En ese trance, que llamamos en literatura fluir de la conciencia, observa a su familia cuando llegó al barrio Los Rieles, que entonces contaba con sólo dos calles y era el lugar por donde cruzaba el Ferrocarril Central Dominicano que conectaba a Santiago de los Caballeros con Puerto Plata. Al mismo tiempo, interiorizaba su muerte causada por el escuadrón militar comandado por el capitán Fernando Moquete.

Es evidente que la obra fue creada por un poeta más que por un narrador natural. Esto se evidencia por el uso recurrente de un lenguaje poético. Las imágenes y símbolos empleados no son superfluas. Para testimoniar lo dicho extraemos las siguientes:
- “La mirada puesta en el horizonte de la patria”.
- “Densas nubes se entrecruzan como bandadas de aves dislocadas”.
- “Una lagartija verde de ojos saltones contempla el cuerpo inerte”.
- “Su alma vio el rostro áspero del capitán Moquete”.
- “La delgada lámina de luz que era su alma”
- “Juan Ramón Ventura era un alma en tránsito”
- “Pueblos y campos eran como lápidas en el cementerio”.
- “Se escabulleron iluminados por el oscuro túnel de balas y granadas”.
- “Como si los vacíos del alma fueran aguijoneados por un ejército de alfileres”.
Los personajes relevantes de la obra: “Héroes del Barrio” son: Juan Ramón Ventura (Juan Ramón Payero Ulloa), Fernando Moquete, que bien podrían ser algunos de estos generales del gobierno de los doce años de Joaquín Balaguer: Ramón Emilio Jiménez hijo (Milo Jiménez), Antonio Imbert Barrera, Elías Wessin y Wessin, Enrique Pérez y Pérez, Ney Nivar Zeija, Juan René Beauchamp Javier, Eligio Bisonó Jackson, Carlos Jáquez Olivero, Juan Disla Abréu, Melitón Jorge Balderas, Eligio Osiris Perdomo y Salvador Lluberes Montás.
El Coronel Geraldino Díaz (Francisco Albero Caamaño Deñó), Octogenario Gobernante (Joaquín Balaguer), General Desiderio Ventura (Abuelo de Juan Ramón Ventura), Blanca Pura Nieves (Madre de Juan Ramón Ventura), Juan Antonio Ventura (padre de Juan Ramón Ventura), Juan Cabeza Blanca (Juan Bosch), José Francisco Prieto (José Francisco Peña Gómez).
Isla Palmera (República Dominicana), Isla Barbarroja (Cuba) Águila Imperial (Estados Unidos).
Después de la lectura realizada a esta interesante obra, debo señalar que me hubiera gustado se pincelaran cualidades de sus compañeros de lucha Alfredo Pérez Vargas, Lalane José, Toribio Peña Jáquez, Hamlet Hermann, Claudio Caamaño Grullón, Mario Nelson Holguín Galán Durán y Euclides Holguín Marte; todos combatientes destacados de la Revolución de Abril de 1965. Los mismos son referidos sólo una vez por el coronel Geraldino Díaz (Caamaño) con el nombre genérico de los muchachos. Digo esto, porque hay en la obra personajes sin historias reales ni ficticias a quienes se les brindan demasiado espacio.








