Roma, Italia. El presidente Luis Abinader afirmó que haber contribuido a que República Dominicana saliera del Mapa del Hambre de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) constituye uno de los logros que más orgullo le producen, al destacar que la prevalencia de la subalimentación crónica en el país disminuyó del 21.3 % en 2006 a menos del 2.5 % en 2025.
En su discurso preparado para el Foro Mundial de la Alimentación 2026, celebrado en Roma, el mandatario sostuvo que el avance es resultado de años de esfuerzos nacionales para incrementar la disponibilidad de alimentos, mejorar los ingresos familiares y ampliar los programas de protección social destinados a los sectores más vulnerables.
«Este logro no pertenece a un Presidente ni a un Gobierno. Pertenece a la República Dominicana», expresó en el documento de su intervención, en el que reconoció el papel de los productores agropecuarios, las instituciones públicas y los organismos internacionales que han participado en las iniciativas para combatir el hambre.
Producción agrícola, ingresos y reducción de la pobreza
El presidente presentó varios indicadores para explicar las políticas y transformaciones económicas que, según sostuvo, contribuyeron a la reducción de la subalimentación.
Entre las cifras expuestas, destacó que el índice de producción de alimentos por habitante creció un 122.3 % entre 2004 y 2024, mientras los productores nacionales abastecen más del 85 % de la demanda de alimentos del país.
También indicó que el ingreso real por habitante de los hogares aumentó un 43.7 % entre 2015 y 2025, período durante el cual la pobreza monetaria pasó del 41.1 % al 17.3 % y la pobreza extrema descendió del 8.7 % al 2.2 %.
Abinader precisó que, durante su administración, entre 2020 y 2025, el ingreso real aumentó un 20 %, mientras la pobreza monetaria se redujo de aproximadamente un 26 % a un 17 %.
En materia de protección social, señaló que la cobertura de alimentación escolar aumentó de 1.7 millones de estudiantes en 2019 a más de 2.2 millones en 2025.
Asimismo, destacó la duplicación de los subsidios Aliméntate y Bono Gas, que apoyan a más de 1.4 millones de hogares, y el funcionamiento de 163 comedores económicos que distribuyen diariamente más de 183,000 raciones gratuitas de alimentos.
Las cifras corresponden a los datos presentados por el mandatario y abarcan períodos distintos, por lo que los avances acumulados desde 2004, 2006 o 2015 no deben atribuirse exclusivamente a su gestión iniciada en 2020.
Abinader reconoce que la lucha contra el hambre debe continuar
Aunque celebró la salida del Mapa del Hambre, el mandatario reconoció que el país todavía enfrenta desafíos para garantizar una alimentación saludable y accesible a toda la población.
En ese sentido, planteó la necesidad de mejorar la educación alimentaria, combatir la malnutrición y continuar fortaleciendo las políticas destinadas a proteger a las familias con dificultades económicas.
También mencionó el Plan de Acciones Anticipatorias frente a la Sequía Agrícola 2026-2027, orientado a reducir los efectos de las condiciones climáticas sobre el campo dominicano, mejorar los sistemas de riego y respaldar a los pequeños productores.
El presidente vinculó esos objetivos con la estrategia Meta RD 2036, que contempla duplicar el producto interno bruto y ampliar las oportunidades económicas para la población, incluidos los jóvenes de las comunidades rurales.
«No hay libertad plena donde el hambre decide por ti»
En otro momento de su discurso, Abinader relacionó la lucha contra el hambre con la libertad individual y las oportunidades de desarrollo.
«No hay libertad plena donde el hambre decide por ti», afirmó al señalar que una persona cuyas decisiones están condicionadas por la necesidad de conseguir alimentos enfrenta limitaciones para construir su futuro.
El mandatario sostuvo que los países deben fortalecer la cooperación internacional para enfrentar los desafíos alimentarios, mediante el intercambio de conocimientos, el acceso a nuevas tecnologías y la disponibilidad de financiamiento.
Al referirse al legado que espera dejar cuando concluya su mandato presidencial, mencionó las obras de infraestructura, los avances institucionales y la reducción de la pobreza, pero destacó especialmente la salida de República Dominicana del Mapa del Hambre.
«Pero si me preguntan cuál de esos logros me produce mayor orgullo, mi respuesta será sencilla: haber contribuido a que mi país saliera del Mapa del Hambre», expresó en el texto de su intervención.
Abinader concluyó con un llamado a continuar los esfuerzos para que las familias dominicanas tengan acceso a una alimentación adecuada y mayores oportunidades de desarrollo.
PALABRAS DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DOMINICANA, LUIS ABINADER ANTE LA ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS PARA LA ALIMENTACIÓN Y LA AGRICULTURA (FAO)
Amigas y amigos;
Hay una historia que el escritor argentino, Martín Caparrós, cuenta en su libro El hambre que nunca he podido olvidar.
Durante uno de sus viajes por África conoció a Aisha. Era una mujer pobre. Una mujer acostumbrada a vivir con muy poco. Después de conversar durante un tiempo, Caparrós le hizo una pregunta aparentemente sencilla: si apareciera un mago capaz de concederte cualquier deseo, absolutamente cualquier cosa, ¿qué le pedirías?
Aisha se quedó pensando. Finalmente respondió: una vaca. Una vaca que le diera leche. Con una parte de esa leche podría hacer buñuelos, venderlos en el mercado y conseguir algo de dinero para vivir.
Caparrós insistió: pero puedes pedir cualquier cosa. Lo que quieras.
Aisha volvió a pensarlo. Y entonces preguntó: ¿de verdad cualquier cosa?
Sí.
Y casi en un susurro respondió: ¿dos vacas? Porque, explicó, con dos vacas nunca más tendría hambre.
Caparrós escribe entonces una reflexión extraordinaria: «Era tan poco, pensé primero. Y era tanto».
He querido comenzar hoy recordando a Aisha porque detrás de todas las estadísticas sobre el hambre hay millones de historias como la suya. Y porque quienes hemos tenido la fortuna de no acostarnos preguntándonos si podremos comer al día siguiente quizás no alcanzamos a comprender hasta qué punto el hambre puede reducir el tamaño de los sueños.
Cuando una persona tiene hambre no sueña con conquistar el mundo. Sueña con comer mañana.
Cuando una madre no sabe qué dará de cenar a sus hijos, el futuro se reduce a unas pocas horas. Cuando un niño no se alimenta adecuadamente, no solamente se debilita su cuerpo. Se limita su capacidad de aprender, de desarrollarse, de imaginar y de competir en igualdad de condiciones.
El hambre no vacía solamente un plato. Puede vaciar también de oportunidades una vida entera. Por eso combatir el hambre nunca ha sido, para mí, una política social más. Es una obligación moral.
Y hoy comparezco ante ustedes con una emoción difícil de expresar. Mi país, la República Dominicana ha salido oficialmente del Mapa del Hambre de la FAO.
Durante años aquello fue una aspiración. Después fue una meta. Luego se convirtió en una obsesión de Gobierno. Y hoy es ya una realidad.
Nuestro país redujo la prevalencia de la subalimentación del 21,3% en 2006 a menos del 2,5% en 2025. Detrás de esa distancia hay años de esfuerzo y una decisión: hacer de la alimentación digna un derecho efectivo.
Pero no hemos venido aquí a celebrar solamente un porcentaje. Hemos venido a celebrar a las personas que están detrás.
A los niños que hoy se alimentan mejor. A las familias que han dejado atrás la privación. A los agricultores, trabajadores y mujeres que sostienen nuestros hogares.
Porque las estadísticas son necesarias para medir los avances. Pero gobernamos para cambiar vidas.
Este logro no pertenece a un Presidente ni a un Gobierno. Pertenece a la República Dominicana.
A nuestros productores, que se levantan antes que el sol y abastecen más del 85% de la demanda nacional de alimentos. A toda la cadena alimentaria, las instituciones públicas y las organizaciones que llevan solidaridad a nuestras comunidades.
A nuestro gabinete de Meta Hambre Cero, liderados por el Ministerio de la Presidencia y el Ministerio de Agricultura, que con la participación de más de 10 instituciones, dan muestra de lo lejos que se puede llegar cuando el Estado trabaja de manera articulada hacia un objetivo común.
Y a la FAO. Agradezco a su Director General, doctor Qu Dongyu, y a su representante en nuestro país, Rodrigo Castañeda, el acompañamiento para convertir este propósito en resultados. Porque ningún país derrota el hambre únicamente desde un despacho. Lo hace apoyando al campo, creando empleo y mejorando salarios. Y garantizando que quienes más lo necesitan tengan un Estado que responda. Entendimos desde el principio que para combatir el hambre debíamos actuar en dos direcciones al mismo tiempo.
La primera era aumentar la disponibilidad de alimentos. Entre 2004 y 2024, nuestro índice de producción de alimentos por habitante creció un 122,3%. Ese avance se sostiene con financiamiento, tecnología y respaldo a los pequeños y medianos productores. Pero producir alimentos no basta si una familia no tiene ingresos suficientes para comprarlos.
La segunda tarea por lo tanto era mejorar los ingresos. Entre 2015 y 2025, el ingreso real por habitante de los hogares creció un 43,7% y la pobreza monetaria bajó del 41,1% al 17,3%, y la pobreza extrema se redujo de un 8.7 % a apenas un 2.2 %. Solo desde el 2020 hasta el 2025, durante mi gobierno, el ingreso real aumentó en 20% y la pobreza monetaria bajó desde 26% a 17%, impulsados por un aumento del salario mínimo promedio real de un sin precedentes en RD. Son avances que permiten comprar alimentos y recuperar autonomía.
Acompañamos además ese esfuerzo con protección social. La alimentación escolar sube de 1.7 millones en el 2019 a más de 2.2 millones de estudiantes en el 2025. También duplicamos el subsidio conocido como Aliméntate y el Bono Gas apoyando a más de 1,4 millones de hogares dominicanos.
Nuestros 163 comedores económicos distribuidos por todo el país distribuyen diariamente más de 183.000 raciones de comida caliente y gratuita, esto 5 veces más que en el 2020. Y los mercados de productores y las bodegas móviles acercan los alimentos a las familias a precios justos.
Detrás de esos programas hay algo muy concreto: una madre que sabe que su hijo comerá en la escuela; una familia que puede cocinar; una persona mayor que encuentra un plato caliente. Porque cuando hablamos del hambre hablamos, en realidad, de libertad.
¿Qué libertad tiene una persona cuando todas sus decisiones están condicionadas por la necesidad de conseguir su próxima comida?
¿Qué capacidad tiene un niño de decidir qué quiere ser de mayor cuando su desarrollo está condicionado desde sus primeros años?
¿Qué futuro puede construir una familia cuando toda su energía está destinada simplemente a sobrevivir?
Durante mucho tiempo hemos entendido la libertad como la posibilidad de hablar, elegir, votar o pensar. Todo eso es esencial. Pero existe también una libertad anterior. Más elemental. La libertad de poder vivir con dignidad.
No hay libertad plena donde el hambre decide por ti.
Por eso salir del Mapa del Hambre significa mucho más que abandonar una clasificación internacional. Significa ampliar el territorio de la libertad en la República Dominicana. Significa que más dominicanos pueden pensar no solamente en sobrevivir hoy, sino en construir mañana.
Porque el desarrollo comienza precisamente ahí: cuando una sociedad consigue que sus ciudadanos dejen de preguntarse únicamente cómo sobrevivir y puedan empezar a preguntarse hasta dónde quieren llegar.
Sin embargo, salir del Mapa del Hambre no significa que nuestra tarea haya terminado. Nos obliga a ser todavía más exigentes.
Mientras exista una sola familia dominicana que tenga dificultades para alimentarse correctamente, tendremos trabajo por hacer.
Debemos avanzar hacia dietas saludables y accesibles, mejorar la educación alimentaria y combatir la malnutrición. Que una familia pueda comer es indispensable; que pueda alimentarse bien es el compromiso que debemos cumplir.
También debemos proteger a quienes producen. El Plan de Acciones Anticipatorias frente a la Sequía Agrícola 2026–2027 en República Dominicana busca reducir los impactos sobre el campo, cuidando nuestras cuencas, mejorando el riego y acompañando a los pequeños productores. Para una nación insular como la nuestra, prepararse ante el clima es proteger la mesa de mañana.
Y con la Meta RD 2036 hemos convocado al Gobierno, las empresas, la academia y los trabajadores a duplicar el producto interno bruto. Queremos que esa prosperidad se traduzca en mejores ingresos y oportunidades, también para nuestros jóvenes del campo.
Hoy el mundo sigue teniendo ante sí una paradoja dolorosa. Tenemos más conocimiento, más tecnología y más capacidad productiva que en cualquier otro momento de nuestra historia y, sin embargo, cientos de millones de seres humanos siguen padeciendo hambre.
Por eso ponemos nuestra experiencia al servicio de otras naciones y defendemos una cooperación que facilite tecnología, conocimiento y financiamiento. Ningún país debería enfrentar solo una tarea que compromete la dignidad humana.
Tenemos una enorme responsabilidad. Pero también una certeza esperanzadora: los países no están condenados al hambre. Las políticas públicas funcionan. La voluntad política importa. Y cuando las instituciones y la sociedad trabajan juntas, los resultados llegan.
Hoy somos un país más próspero. Pero lo que realmente me importa es para qué sirve esa prosperidad.
De poco sirve crecer si ese crecimiento no cambia la vida de la gente. De poco sirve aumentar la riqueza de un país si esa riqueza convive indiferente con el hambre.
Me han preguntado muchas veces cuál quisiera que fuera mi legado cuando termine mi responsabilidad como Presidente de la República.
Naturalmente, habrá carreteras, hospitales, escuelas, reformas e instituciones más sólidas y democráticas que espero permanezcan. Hemos reducido significativamente la pobreza. Pero si me preguntan cuál de esos logros me produce mayor orgullo, mi respuesta será sencilla: haber contribuido a que mi país saliera del Mapa del Hambre.
Porque pocas cosas pueden justificar más una vida dedicada al servicio público. No hay obra más grande que ayudar a que alguien pueda vivir con dignidad. No existe mejor indicador económico que una familia que mira el futuro sin miedo.
Y quizá por eso hoy vuelvo a pensar en Aisha y en tantos otros seres humanos.
Aquel periodista le ofreció imaginariamente todos los deseos del mundo. Y ella solo pidió dos vacas. Parecía tan poco. Pero en el fondo lo era todo.
Hoy la República Dominicana ya no está en el Mapa del Hambre. Pero nuestra verdadera aspiración es todavía mayor: queremos construir un país en el que nadie tenga que soñar simplemente con sobrevivir, porque todos tengan la oportunidad de soñar con vivir mejor. Y les puedo asegurar, que desde nuestro país empujaremos con todas nuestras fuerzas para que ese empeño sea una tarea y un logro de toda la humanidad.
Ese es el compromiso que renovamos hoy ante la FAO. Y ese será, para mí, uno de los mayores orgullos y el más profundo sentido de haber tenido el honor de servir a mi país y mi gente.
Muchas gracias.








