
A la edad de 15 años empezó a cubrir tandas escolares en ausencia de profesores que por circunstancias personales se les concedía permiso. Algunas anécdotas refieren que debido a su baja estatura, precisaba subirse a un taburete para impartir sus clases. Sintió tanta pasión por el magisterio que terminó graduándose de Maestra Normal de Primera Enseñanza el 11 de febrero de 1912.
Luego de varios años residiendo en la costa norte del territorio dominicano, regresó a Santiago, en donde empezó a trabajar en la Escuela Graduada de Varones No.1, entonces ubicada en la calle Restauración, frente al desaparecido Museo Folklórico Don Tomás Morel. En este centro laboró como docente bajo la dirección de la profesora Carmen Rodríguez. Posteriormente trasladada a la Escuela México, bajo la dirección de la educadora Ambrosia Pepín (Srta. Ercilia Pepín).

Por su abnegada vocación a la enseñanza fue escogida por las autoridades educativas y enviada como directora de la Escuela Graduada Mixta de Dajabón. Allí ejerció una labor sin precedentes, porque no sólo reorganizó el plantel escolar asignado, sino que su capacidad gerencial y artística fue extendida al ámbito social y cultural de aquella comunidad fronteriza.
Fue pionera en lograr que los estudiantes asistieran uniformados a clase y en concienciar a los padres para que sus hijos mayores fueran enviados a la escuela a alfabetizarse. En aquel lugar distante de su lar nativo y que también hizo suyo, organizó actos culturales y sociales para la formación y entretenimiento de niños, jóvenes y adultos. A su regreso a Santiago, la sociedad dajabonera lamentó la despedida de tan brillante maestra.
Ya en Santiago, se reintegró a la Escuela México. Asuntos políticos relacionados con el gobierno del dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina, la llevan a laborar en la Escuela Cuba.
Trujillo inmediatamente electo presidente de la República Dominicana el 16 de mayo de 1930, y juramentado el 16 de agosto del mismo año, inició una cacería en contra de sus opositores políticos. Los primeros asesinados de ese año fueron: el poeta, educador, periodista y político José Virgilio Martínez Reyna y su esposa Altagracia Almánzar Fernández, ésta embarazada. Estos horribles crímenes ocurrieron en San José de las Matas. Dos años después, también en San José de las Matas, fueron asesinados los hermanos Perozo: César, Faustino y Andrés.

Joaquín Balaguer describe el acontecimiento de la manera siguiente: “…en 1932, a raíz de haber caído abatido en las serranías de San José de las Matas, los hermanos César, Faustino y Andrés Perozo se produjo en Santiago un incidente que puso en vilo el alma de la nación entera. Andrés Perozo había dictado, durante varios años, clases de instrucción moral y cívica y de historia de la filosofía en la Escuela Normal de Santiago, dirigida entonces por el profesor don Sergio A. Hernández. Su muerte, dadas las circunstancias en que aconteció, conmovió a todo el país dando lugar a un movimiento espontáneo de protesta silenciosa. Ercilia Pepín, quien ya se había distinguido por sus movilizaciones multitudinarias que organizó en contra de la primera ocupación del país por la Infantería de Marina de los Estados Unidos, hizo izar a media asta la bandera nacional en la Escuela México, entonces bajo su dirección, como prueba de solidaridad del magisterio nacional ante la muerte del profesor Andrés Perozo”. (Balaguer, 1989)
Ana Josefa Jiménez se sintió consternada con la muerte trágica de uno de sus compañeros de profesión. Después de varios años ejerciendo de maestra en la Escuela Cuba, regresa a la Escuela México, ya convertida en intermedia, bajo la dirección de Blanca Mascaró. En este centro impartió las asignaturas de Sociales y Lengua Española.

Escribió poesía de estilo romántico y ensayos sobre temas educativos y literarios. Es autora del libro: “Geografía de la Isla de Santo Domingo y Haití” (1941), texto oficial de educación durante muchos años. También autora de la obra dramática: “Independencia o Muerte” (1944), premiada en el Concurso de Teatro organizado por Estado dominicano, como parte de la celebración del centenario de la independencia nacional.
El 3 de junio de 1950, mediante el decreto No. 6603, fue condecorada junto a otros maestros del país, con la Orden al Mérito Juan Pablo Duarte en el grado de Gran Oficial.

En 1951 nombrada Inspectora de Educación del Distrito Escolar No. 74, el cual abarcaba las comunidades de Jacagua, Gurabo y Pedro García, además de varias escuelas de Santiago de los Caballeros. Ana Josefa y la maestra Silvia Enriqueta Isidor de Peña, de Montecristi, fueron las primeras educadoras en desempeñar ese cargo.
Su labor de Inspectora de Educación no se limitó sólo a supervisar a los maestros de su jurisdicción. Su solidaridad estaba por encima del cargo burocrático que ostentaba.
El 24 de febrero de 1958 recibe su jubilación como Inspectora de Educación del Distrito Escolar No. 74, de Santiago. Sin embargo diligenció un puesto para alfabetizar a párvulos en el Colegio De La Salle. Serios quebrantos de salud la obligaron a retirarse a su hogar, donde establece una escuela de alfabetización.
Sólo el cáncer que minó en silencio su frágil cuerpo logró apartarla para siempre del magisterio.
En su honor una escuela lleva su nombre, ubicada en la prolongación Avenida Circunvalación, cruce Marilópez, Santiago de los Caballeros.
Bibliografía
Balaguer, J. (1989). Memorias de un cortesano de la «Era de Trujillo». Santo Domingo: Editora Corripio C. por A.








