José Virgilio Martínez Reyna. Nació en Santiago de los Caballeros el 7 de julio de 1885. Fue asesinado la noche del 1 de junio de 1930 en San José de las Matas, junto a su esposa Altagracia Almánzar Fernández, quien estaba embarazada. Esta fue trasladada grave a la clínica “Las Mercedes”, muriendo al día siguiente. Dicha clínica estaba ubicada donde actualmente funciona el Archivo Histórico Municipal de Santiago, calle Restauración No.124. Sus propietarios eran los eminentes doctores: Ramón de Lara y Vicente Crisolía. Poeta, educador, periodista, orador y político.

Fue profesor de escuelas públicas, labor que también ejerció de manera privada en su pueblo natal. Desde joven demostró liderazgo y carácter de hidalgo para concretar sueños y metas a beneficio de la colectividad dominicana y la patria.
Su carisma para calar en el pensamiento y sentimiento de los hombres y las mujeres de la sociedad dominicana le agenciaron enemigos políticos resentidos que luego, escudados en la sombra del poder del Estado, pautaron su trágico destino.
Amigo personal y político del presidente Juan Isidro Jimenes, el cual gobernó durante el periodo conocido como la Tercera República (1899-1902) y (1914-1916). Después pasó a dirigir la campaña a la presidencia de Horacio Vásquez Lajara, quien gobernó la nación dominicana en tres periodos (Sept.-Nov.1899), (1902-1903) y (1924-1930).
José Virgilio Martínez Reyna, además de su sensibilidad para la creación poética, su talento innato para la oratoria y la política, fue un guerrero de armas. Esto lo evidencia su participación en la batalla de “Carrera de Palmas” acontecida en la sabana próxima al Santo Cerro, La Vega, donde fue herido de gravedad. Una bala le perforó uno de sus pulmones. Combatió con la pluma la invasión de los marines norteamericanos a la patria de Duarte, Sánchez, Mella y Gregorio Luperón (1916-1924), mediante sus artículos y ensayos publicados en la prensa local y nacional. También fue víctima de un atentado a tiros perpetrado por sicarios enviados por sus opositores políticos, del que salió milagrosamente ileso.

Fue presidente del Ayuntamiento del municipio de Santiago. En 1927, Horacio Vásquez lo nombró secretario de la presidencia de la República, labor que desempeñó con bastante humildad. El primer funcionario que ocupó ese cargo recién creado para entonces. José Virgilio Martínez Reyna había aconsejado a Horacio Vásquez, la destitución del desleal general del ejército dominicano, Rafael Leónidas Trujillo Molina, cuando el presidente Vásquez se encontraba consultando asuntos relativos a su salud en la ciudad de Baltimore, Estados Unidos.
De su muerte se han hilvanado, transcurrido el tiempo, muchas teorías. Es de conocimiento público que fue un férreo opositor a las aspiraciones a la presidencia de la República del abogado santiaguero Rafael Estrella Ureña y del ambicioso general oriundo de San Cristóbal Rafael Leónidas Trujillo Molina y de su “Movimiento Cívico Nacional”. Llegado estos al gobierno, a través de las elecciones fraudulentas del 16 de mayo de 1930 y juramentado el 16 de agosto del mismo año, desataron una cacería en contra de sus opositores políticos, del que José Virgilio Martínez Reyna era considerado el número uno. En este sentido, el educador e historiador puertoplateño Rufino Martínez, puntualiza: “Y una noche los asesinos, puestos de acuerdo con el Comandante Norte del Ejército en el Cibao, con asiento en la Fortaleza San Luis, de Santiago, salieron para San José de Las Matas, llegaron al hogar de Martínez Reyna, que estaba enfermo, y le dieron despiadada muerte, lo mismo a su consorte doña Altagracia Almánzar, que se hallaba en estado de embarazo, y hasta reconoció y reconvino al jefe de los asesinos. Esto se concibió y planteó en la Capital por elementos exclusivamente santiagueros. Bastó una insinuación escrita en una tarjeta de la Secretaría de Estado de la Presidencia y dirigida al Comandante para que el plan se ejecutara”. (Martínez, 1971).
Sobre este crimen que enlutó la política dominicana y el arte en el siglo pasado, Rufino Martínez argumenta lo siguiente: “Un manto de impunidad cubrió aquel cuadro horrendo, conocido por esos días del año 1930 en todos sus detalles y con la especificación de los asesinos transitando muy campantes por las calles de Santiago. El Presidente de la República, que era el Lic. Rafael Estrella Ureña, se trasladó a esa ciudad para poner en acción la justicia, pero se encontró con que el jefe de la pandilla de asesinos era un pariente cercano, y él también se hizo de la vista gorda con la impunidad”. (Martínez, 1971).
Joaquín Balaguer, refiriéndose al crimen de José Virgilio Martínez Reyna y su esposa, precisa: “Al pasar frente al correo en la intersección de la calle San Luis con calle El Sol, tropecé con un amigo, Edmundo B. Rengifo, quien me dio la noticia sobre el asesinato en San José de las Matas del autor de “Nelumbos” y de su esposa, también inútilmente sacrificada en aquel acto de brutalidad increíble. Me resistí a creerle. No admití como posible que aquel crimen se hubiera perpetrado sobre la persona de un hombre enfermo, que había ido a buscar el aire puro de las montañas para sus pulmones deshechos y que acababa de bajar las armas de combatiente, vencido por una enfermedad irremediable. No concebía, sobretodo, que los asesinos no hubieran respetado la inocencia de su esposa, ultimada con saña estremecedora. Con ese acto inicuo se iniciaba el terrorismo político en la “Era de Trujillo”. (Balaguer, 1989).

Tanto José Virgilio Martínez Reyna como su esposa Altagracia Almánzar Fernández, fueron asesinados a machetazos, puñaladas y a tiros de revólveres. Al momento del hecho, se expandió de inmediato el rumor que sus autores intelectuales fueron Rafael Estrella Ureña y Rafael Leónidas Trujillo Molina. Sus ejecutores, el general José Estrella (tío de Rafael Estrella Ureña), Tomás Estrella (hijo de José Estrella) y tres antisociales contratados: Onofre Torres, Juan Camilo Arias y Francisco Antonio Veras (Pichilín).
Luego de 14 años de los crímenes, o sea, el 7 de abril de 1944, Rafael Leónidas Trujillo Molina visitó el hogar de los padres de Altagracia Almánzar Fernández, en la comunidad de “Puñal. El abogado e historiador Emilio Rodríguez Demorizi, se limita sólo a reseñar lo siguiente: “Visita la casa de familia Almánzar, en Puñal, padres de Altagracia Almánzar, esposa del líder político Virgilio Martínez Reyna. Expresa a dicha familia el testimonio de su simpatía y la seguridad de que siempre ha repudiado el hecho que causó la muerte de su deudo. Le manifiesta su disposición de prestarle a la Justicia el apoyo moral de su autoridad hasta la substanciación del proceso, que culminó en la sentencia de la prescripción del delito dictada por el Tribunal de Primera Instancia del Distrito Judicial de Santiago”. (Demorizi, 1955).
El poeta, narrador y periodista José Ulises Franco destaca las virtudes que caracterizaron la personalidad artística de José Virgilio Martínez Reyna. Escribe que: “Fue una de las más destacadas figuras de nuestro Parnaso Nacional. Sus producciones poéticas, impregnadas de musicalidad debido a la exquisita sensibilidad con que supo saturar sus brillantes estrofas.
Entre sus más notables composiciones, sobresale el magnífico soneto “Aquel pañuelo blanco”, conmovedor en sumo grado, y que aún, a pesar del tiempo transcurrido desde su publicación, ha quedado imborrable en la mente de las nuevas generaciones”. (Franco, 1966).

Llegó a publicar un libro de poesía: “Nelumbos”. Editado en los talleres de la Imprenta y Fotograbado “La Cuna de América” de Santo Domingo, R. D., en el 1928.
Bibliografía
Balaguer, J. (1989). Memorias de un cortesano en la «Era de Trujillo». Santo Domingo: Editora Corripio, C. por A.
Demorizi, E. R. (1955). Cronología de Trujillo. Ciudad Trujillo: Impresora Dominicana.
Franco, J. U. (1966). Estampas Añejas del Santiago de Siempre. Santiago de los Caballeros, República Dominicana. Editora Amigo del Hogar.
Martínez, R. (1971). Diccionario Biográfico-Histórico Dominicano 1821-1930. Santo Domingo: Editora de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).










