Primer punto
Uno de los grandes escollos, para quienes se dedicaron al oficio de la creación literaria en el S. XIX, fue la inestabilidad política. Transcurridas las dos primeras décadas de ese siglo, ocurrió la invasión haitiana el 9 de febrero de 1822. Esta injerencia a la parte española de la isla, provocó que familias nativas y españolas abandonaran temerosas el territorio. Se produjo una migración hacia Cuba, Puerto Rico y Venezuela.
Durante los 22 años de la ocupación haitiana, en este lado de la isla, nacieron en Santiago de los Caballeros: Ulises Francisco Espaillat (1823-1878), Pedro Francisco Bonó (1830-1906) y Manuel de Jesús de Peña y Reinoso (1834-1915): educadores, poetas, escritores, intelectuales y políticos liberales.
Lograda la Independencia Dominicana, el 27 de febrero de 1844, se suscitaron acontecimientos que pusieron en peligro la naciente nación. Estos hechos fueron la dictadura de Pedro Santana (1844-1857), la Anexión de la República a España (1861-1865) y las dictaduras de los presidentes Buenaventura Báez (1868-1873) y Ulises Heureaux Level-Lilís- (1886-1899).
Para entonces, la política vernácula nuestra estaba estrechamente vinculada al quehacer literario. De ahí que connotados escritores del siglo XIX estuvieran protagonizando la inestable e impredecible política criolla. Entre los escritores santiagueros de este periodo se destacan: Benigno Filomeno de Rojas, Ulises Francisco Espaillat, Pedro Francisco Bonó, Manuel de Jesús de Peña y Reinoso, Eliseo Grullón Julia, Alejandro Llenas, Pedro María Archambault y Eugenio Deschamps.
Segundo punto
Otra dificultad, y no menos compleja, que afrontó el escritor dominicano en el siglo XIX fue el analfabetismo, por consecuencia de un deficiente sistema educativo oficial. En Santiago y otras comunidades del Cibao, la educación fue bastante irregular. Algunas escasas escuelas y colegios eran auspiciados por los ayuntamientos y las gobernaciones. En su defecto, creadas por instituciones sociales, filantrópicas y culturales con el propósito de alfabetizar a la población. Este desafío, a veces utópico, lo asumieron en Santiago la Benemérita y Respetable Logia Masónica Nuevo Mundo No. 5., la Sociedad de Artes y Oficios “Amantes de la Luz” y la Sociedad de Artes y Oficios “Alianza Cibaeña”.
En aquella época ni en Santiago ni en otra zona de la región cibaeña había centros educativos de la calidad del “Seminario de Santo Domingo” (1848), y el “Colegio San Luis Gonzaga” (1866). Ambas instituciones académica fundadas en la capital dominicana.
El sistema educativo en Santiago, Puerto Plata y Montecristi mejoró sustancialmente a partir de la fundación de las escuelas normales, que en Santiago ocurrió el 19 de enero de 1881. Aunque Joaquín Balaguer sostiene lo siguiente: “La Escuela Normal Superior fue creada definitivamente en 1902 por decreto del presidente provisional de la República, general Horacio Vásquez, con la capacidad legal para preparar maestros de primera y segunda enseñanza, pues aunque fue instalada por primera vez el 19 de enero de 1881, bajo el gobierno de Arturo Meriño, fue cerrada poco tiempo después, sin dejar resultados dignos de algún renombre”. ((compilador), 2000).
Posteriormente fueron creadas las escuelas normales de Puerto Plata y Montecristi.

Tercer punto
Iniciado el siglo XX hubo un gran despertar hacia la valoración de la cultura y la creación literaria en Santiago y la región cibaeña, lo que significó un avance notorio en muchos aspectos. En Santiago se estableció el poeta, dramaturgo e intelectual seibano Emilio Antonio Morel, cuya presencia motivó a que jóvenes talentosos se dedicaran a la creación literaria.
Joaquín Balaguer lo relata de esta manera: “Santiago se había convertido, en la década del 1920, en uno de los centros intelectuales más activos de la República.
A ese auge cultural contribuyó significativamente la presencia en la ciudad del poeta seibano Emilio A. Morel. Este era un hombre de temperamento hosco, poco amigo de tertulias y devaneos literarios. Su fuerte personalidad, sin embargo atrajo desde el primer día a la juventud que empezaba entonces a incursionar en el campo de las letras”. (Balaguer, 1989).
Balaguer también precisa: “Un grupo de jóvenes, admiradores entusiastas de la poesía de Emilio A. Morel fundamos entonces una revista que con el nombre “La Pluma de la Juventud”, empezó a editarse en la pequeña imprenta que poseía Marcos Silverio en su modesta residencia de la parte baja de la calle Restauración.
Otra revista, llamada “Anarkos”, salió después a la luz pública bajo la dirección de Julio Vega B. Batlle. En esta nueva publicación se iniciaron como autores de ensayos sobre literatura general, intelectuales que alcanzaron poco después en el país gran nombradía”. (Balaguer, 1989).
Pero este esplendor cultural experimentado en Santiago, Puerto Plata, Montecristi, La Vega y San Francisco de Macorís se vio seriamente afectado con la llegada al poder de Rafael Leónidas Trujillo Molina el 16 de agosto de 1930.
A partir de aquel momento nefasto para la historia dominicana, los poetas, escritores, historiadores e intelectuales del Cibao, pasaron a formar parte del régimen dictatorial. Se marcharon a la capital dominicana a ocupar cargos en el Estado y volvieron a su pueblo sólo de visita. En el caso de Santiago sucedió con los escritores Furcy Pichardo, Vicente Tolentino Rojas, Ramón Emilio Jiménez, José Antonio Hungría, Germán Soriano, Pedro Manuel Hungría, Juan Ulises García Bonnelly, Julio Vega Batlle, Miguel Ángel Jiménez, Tomás Hernández Franco, Andrés Nicolás Sosa, Joaquín Balaguer, Manuel del Cabral y Aída Margarita Vallejo de Paredes.
En este contexto hay que destacar que muchas manifestaciones artísticas se “trujillizaron” y la literatura no fue la excepción. En cada centro recreativo y cultural del territorio dominicano se organizaron recitales poéticos para resaltar la figura del dictador Trujillo y su familia. Tanto así, que fue creado un evento cultural itinerante llamado: “La noche azul de los poetas”.
Sobre esta actividad protagonizada por poetas, escritores e intelectuales trujillistas, Balaguer destaca: “Pero no sólo la historia, sino también la poesía, fue puesta al servicio de ese culto a Trujillo. La costumbre de celebrar anualmente la fiesta del “Gay Saber”, en la capital de la República y en algunas ciudades del interior, como La Vega y San Francisco de Macorís, fue poco a poco suprimida. En su lugar, se organizaron certámenes como la llamada “Feria de la Paz” y la “Noche azul de los poetas”, celebrada en la ciudad de Santiago, en noviembre de 1933, con la participación de intelectuales del fuste de don Porfirio Herrera y don Ramón Emilio Jiménez”. (Balaguer, 1989).
Balaguer puntualiza: “Varias antologías se dieron a la publicidad con el propósito de elevar loas a Trujillo y a su régimen, en una impúdica degradación de lo que constituye el verso como expresión de lo más noble y de lo más puro del sentimiento humano. El libro de Héctor de Castro Noboa, titulado: “Antología poética trujillista”, colección de composiciones en honor al “Benefactor de la Patria”, fue seguido por la aparición de tomos enteros de panegíricos en verso, como el que lleva por epígrafe: “Veinte sonetos a Trujillo” de Juan Bautista Lamarche”. (Balaguer, 1989).
Cuarto punto
Muy pocos poetas y escritores del Cibao formaron parte de los movimientos y generaciones literarias de vanguardias de la República Dominicanas. Aquí les presento una muestra:
Postumismo
1. Andrés Avelino García (Montecristi)
Independiente del 40
1. Tomás Hernández Franco (Santiago)
2. Manuel del Cabral (Santiago)
Generación del 48
1. Alberto Peña Lebrón (Luperón)
Generación del 60
1. Ramón Francisco (Puerto Plata)
Todos estos poetas, escritores e intelectuales cibaeños se establecieron desde muy jóvenes en Santo Domingo, con la excepción de Alberto Peña Lebrón. Los que se quedaron en sus respectivas comunidades ejerciendo el oficio de las palabras, fueron condenados al olvido por los exégetas de la literatura, por los críticos, los biógrafos y los antólogos. Entre estas víctimas del ostracismo literario dominicano se encuentran:
Santiago
1. Don Tomás Morel
2. Ramón Suárez Vásquez
3. Chey Victoria
San Francisco de Macorís
1. Melba Marrero de Muné
2. Alfredo Fernández Asimó
3. Ramón Alberto Ferreras
4. Francisco Nolasco Cordero
Moca
1. José Bretón
2. Octavio Guzmán Carretero
3. Manuel Valerio
4. Julio Jaime Julio Guzmán
La Vega
1. Trinidad Moya de Vásquez
2. Carmen Lara Fernández
3. Altagracia Colombina Moya de Castellanos
4. Altagracia Rodolfina Coiscou Guzmán
Montecristi
1. Chery Jiménez
Puerto Plata
1. Julio Arzeno
2. Francisco José Peynado
3. Félix María Nolasco
4. Fernando Alberto Defilló
Mao Valverde
Juan de Jesús Reyes
Quinto punto
En las agrupaciones literarias: La Máscara, El Puño, La Isla, La Antorcha y el Bloque de Jóvenes Escritores surgidos en Santo Domingo durante y luego de apaciguada la Revolución de Abril de 1965, no militaron poetas y narradores cibaeños, con excepción del “Bloque de jóvenes escritores” en donde aparece registrado el nombre del médico, novelista y ensayista francomacorisano Héctor Amarante.
Para concluir debo decir que en el Cibao fueron creados tres grupos durante la postguerra. Estos fueron: “La Roca”, en Santiago; “La Tuerca”, en Puerto Plata; y “Anidversa”, en Pimentel municipio de la provincia Duarte.
Bibliografía
(compilador), J. J. (2000). Primeros escritos de Joaquín Balaguer. Santo Domingo: Mediabite, s. a.
Balaguer, J. (1989). Memorias de un cortesano de la «Era de Trujillo». Santo Domingo: Editora Corripio, C. por A.








