Solo imaginar que una empresa española, en su proceso de expansión, La Sirena, se llevó entre las uñas los espacios que representaban vestigios históricos de la ciudad; entre las pérdidas se encuentra el Teatro Colón, ¡que ya nadie recuerda! El historiador Andrés Acevedo recrea un sentimiento de profundo arraigo del ciudadano santiaguero: «¡No dejaría jamás a Santiago ni siquiera a cambio del Paraíso donde se supone que existe la vida eterna!».
Pero expresa preocupación que merece ser examinada con detenimiento: Santiago de los Caballeros posee una historia cautivadora, pero también presenta silencios inexplicables que, en ocasiones, se prolongan durante más de un siglo. Hay períodos en los que, al consultar los registros disponibles, parece que la vida de la ciudad se hubiera detenido.

Cada uno de esos lugares constituía una pieza de la memoria santiaguera. No eran solo edificios destinados a actividades comerciales, educativas o recreativas. Eran escenarios donde se encontraban las personas, se desarrollaban relaciones sociales y se producían acontecimientos que, con el tiempo, adquirían valor histórico. Para el historiador Andrés Acevedo, encontrar información para la investigación es como una odisea; señala las dificultades que pueden presentarse en algunas instituciones de servicio público y sin fines de lucro, cuyos documentos y archivos, pese a su naturaleza institucional, parecen manejarse como si fueran propiedades privadas.








