Pedro Francisco Bonó Mejía. Nació en Santiago de los Caballeros el 18 de octubre de 1830. Falleció en San Francisco de Macorís el 15 de septiembre de 1906. Hijo de José Bonó y de Inés Mejía. Recibió su educación inicial de sus padres, los cuales poseían gran formación y cultura. La residencia paterna se encontraba donde actualmente está el edificio de Badui M. Dumit y el negocio de McDonald, calle Del Sol esquina San Luis. En su juventud, trabajó en el almacén del señor Furcy Fondeur. Posteriormente instaló su propio comercio. Quedó en la quiebra cuando su establecimiento fue devorado por el incendio del 6 de septiembre de 1863.
En 1851 desempeñó el cargo de fiscal de Santiago. En 1854, la función de suplente a diputado por Santiago. En 1855, procurador fiscal del Tribunal de Justicia de Santiago. En 1856, participó como secretario del general Juan Luis Franco Bidó, en la Batalla de Sabana Larga, contienda armada escenificada en la Línea Noroeste. En 1856 asume la posición de senador de la provincia de Santiago y ese mismo año, nombrado Defensor Público. En 1856, presenta ante el Senado un documento donde propone la organización del Ejército, la creación de un Banco Nacional, entre otras sugerencias tendentes a desarrollar la Nación Dominicana. En 1857, diputado por Moca.

El educador, biógrafo e historiador puertoplateño Rufino Martínez, enfatiza aspectos de la personalidad patriótica, política y social de Pedro Francisco Bonó Mejía, al destacar que: “Tuvo anhelos de bien patrio al través de un ideal que le hizo despreciar cargos públicos. El año 56 aceptó ser elegido para representar a su Provincia en el Senado Consultor. En los pocos meses que laboró en dicho organismo puso de manifiesto su pleno conocimiento del estado social del pueblo dominicano, las deficiencias del mismo y las causas de que emanaban. Planteó el medio de corregir los males reinantes, abogando en primer término por el licenciamiento del Ejército, considerando en la manera como estaba formado un estorbo para desenvolverle los brazos aptos al trabajo de la tierra. Hablaba con la experiencia de lo patente en su vasta comarca. Subsiguientemente reclamaba la creación de la Guardia Cívica, en la cual entrarían “propietarios, hombres casados y padres de familias”, que son los más interesados en el orden público. Al señalar la falta de equilibrio entre las rentas y las erogaciones de la nación, indica procedimientos para evitar esa anomalía. Pide escuelas, con maestros remunerados razonablemente; la traducción de los códigos franceses, y la “apertura de buenos caminos, con el fin de hacer menos costosos los productos, y más rápidos la comunicación y los cambios…”. (Martínez, Diccionario Biográfico-Histórico Dominicano 1821-1930, 1971).

En el mismo sentido refiere: “Cooperó en la Revolución del año 57, y cuando esta no logró sus aspiraciones finales, se retiró del país. Viajó por naciones civilizadas en las cuales se dedicó a estudiar regímenes políticos avanzados. Así se educó para marcar orientaciones a la patria. Se le señaló entre los patriotas más abnegados que se perfilaron con las luchas de la Restauración. A los pocos cargos desempañados les imprimió el sello de su honorabilidad Austero; prefirió el sosiego de la vida privada al ajetreo de la pública. Pero no permaneció indiferente, sino preocupado por la suerte de la sociedad dominicana, tratando mediante campaña de prensa, los fundamentales problemas del pueblo”. (Martínez, Diccionario Biográfico-Histórico Dominicano 1821-1930, 1971).
El historiador Euclides Gutiérrez Félix, de Pedro Francisco Bonó, puntualiza que: “…junto al ilustre prócer santiaguero (Ulises Francisco Espaillat), se convertirá en una de las dos figuras señeras del pensamiento político dominicano y en un verdadero teórico del sector social más avanzado del País, dispuesto a organizar el Estado dentro de los lineamientos propios de una república liberal, democrática, productiva y soberana. Jugará en esa dirección un importante papel en la Convención Constituyente de Moca y forma parte, junto a Espaillat, Pedro Pablo Bobadilla, Federico Salcedo y Domingo Rodríguez, de la primera Comisión encargada de preparar las bases de la Constitución que será promulgada en febrero de 1858”. (Félix, 2000).

En 1858, presidente del Congreso Nacional. Cuando Pedro Santana toma la presidencia de la República el 28 de julio de 1858, durante el periodo conocido como la Primera República, Pedro Francisco Bonó abandona el país y se va a residir a Estados Unidos. Posteriormente regresa y se dedica a ejercer de abogado. En 1860, procurador del Tribunal de Primera Instancia de Santiago. Al producirse la Anexión de la República Dominicana a España, el 18 de marzo de 1861, escribe Gutiérrez Félix: “Bonó aceptó la incorporación a España como un hecho irreversible y no participó en las manifestaciones de protesta en contra de la traición de Pedro Santana”. (Félix, 2000).

En 1863, designado Comisionado de Guerra. En 1864 figura entre los firmantes del Acta de Independencia del 14 de septiembre de 1863. En 1864, enviado a la República de Haití, a reunirse con el presidente Guillaume Fabre Nicolás Geffrard. En 1867, designado ministro de la Suprema Corte de Justicia y ese mismo año secretario de Estado de Justicia e Instrucción Pública y encargado de Relaciones Exteriores. En 1868, regidor del Ayuntamiento de San Francisco de Macorís. En 1870, juez de Primera Instancia de La Vega. En 1872, Alcalde Constitucional de San Francisco de Macorís.
Durante el gobierno de los Seis Años de Buenaventura Báez, Pedro Francisco Bonó se retiró a su residencia de San Francisco de Macorís, y cuando destituido Báez en 1875, Bonó planificó un viaje por Europa que incluyó: Alemania, Francia, Bélgica e Inglaterra. Antes había visitado New York, Venezuela y Haití.
Cuando el educador, político y prócer santiaguero Ulises Francisco Espaillat llega a la presidencia de la República, el 24 de marzo de 1876, por el Partido Azul y el voto popular, nombra a su amigo Pedro Francisco Bonó Comisionado Especial de Agricultura en la provincia La Vega.
Bonó rechazó la propuesta que le hiciera el general Gregorio Luperón y miembros del Partido Azul de llevarlo como candidato a la presidencia de la República.

Colaboró para periódicos y revistas dominicanas y extranjeros: “El Correo de Ultramar”, de Francia, donde publicó por primera vez su novela “El Montero”, considerada la primera novela escrita y publicada por un dominicano.
Otras obras de su autoría: “Apuntes para los cuatro ministerios de la República” (ensayo, Santiago de los Caballeros, 1857), “Apuntes sobre la clase trabajadora dominicana”, (ensayo, San Francisco de Macorís, 1885) y “Congreso extraparlamentario” (ensayo, San Francisco de Macorís, 1895).


A través del Decreto No. 2140 del 7 de abril de 1972, sus restos fueron trasladados al Panteón Nacional. En su honor, una calle del centro histórico de Santiago de los Caballeros lleva su nombre.


Bibliografía
Félix, E. G. (2000). Héroes y Próceres Dominicanos y Americanos. Santo Domingo: Editora Nuevo Diario, S. A.
Martínez, R. (1971). Diccionario Biográfico-Histórico Dominicano 1821-1930. Santo Domingo: Editora Universidad Autónoma de Santo Domingo, República Dominicana.









