Rosa Smester Marrero. Nació en Santiago de los Caballeros el 30 de agosto de 1873. Falleció en la misma ciudad el 15 de febrero de 1945. Hija de Pablo Smester, procedente de Pointe-a-Pitre, Guadalupe, y Dolores Trinidad Marrero, de Venezuela. Realizó los estudios básicos en el colegio de niñas El Corazón de María, de la maestra Socorro Sánchez y el colegio de niñas San José, dirigido por Eduvigis Rodríguez (Abúa). Los superiores en la Escuela Normal de Santiago. Alumna del también educador, de origen italiano, Salvador Cucurullo.

Educadora, narradora, ensayista, conferenciante e intelectual. Se inició en la educación en 1897. Profesora de Primera Instrucción y maestra de la Escuela Normal Superior de Señoritas en 1902. Impartía las asignaturas: francés, literatura, sintaxis e historia general.
En 1908 se trasladó a Montecristi a ejercer el magisterio. En 1913 fundó en la provincia San Fernando la “Escuela de Bachilleres Santiago” y la “Escuela Normal Superior”, donde durante cuatro años formó la primera promoción de maestras normales de aquella región. Cumplida su misión regresó a Santiago a continuar con su apostolado educativo.
Profesora de la Escuela Normal Superior de Santiago (1920-1927). En unión libre con Juan Grullón tuvo un hijo, Federico Máximo Smester, que nació en Montecristi. Rosa Smester Marrero, una mujer de carácter correcto y valiente, defensora de su derecho y de la patria. Combatió a través de la prensa local y nacional la intervención militar norteamericana (1916-1924). Formó parte de la “Junta Patriótica de Damas”.

En 1922 fundó, junto a damas santiagueras, la Sociedad “San Vicente de Paúl”, que sostenía el hospicio del nombre. Fue creada cuatro años después del brote epidémico de viruelas que azotó a la población dominicana desde 1918 a 1924. Su principal objetivo: establecer en el local del Cuerpo de Bomberos Civiles de Santiago una cocina para darles comidas a los pobres y enfermos. Esta sociedad fue incorporada mediante el decreto No. 562 del 15 de diciembre de 1942.
La primera directiva de la Sociedad “San Vicente de Paúl” estuvo conformada por Rosa V. de Lara (presidente), Rosa B. de Tavares (tesorera), Carmen Estrella de Fernández (inspectora), Dolores V. de Patxot (secretaria) y Rosa Smester (secretaria).
En 1927, Rosa Smester Marrero se trasladó con su hijo a París, Francia, luego de este haber concluido sus estudios secundarios en Santiago. Lo acompañó hasta verlo graduado de doctor en medicina en La Sorbona. Permaneció en la “Ciudad Luz” desde 1927 a 1937. En aquella metrópolis europea ejerció el magisterio.

En 1938 viajó desde París a Barcelona, donde participó en tertulias literarias y eventos culturales diversos. Allí aceptada e integrada a centros culturales, sociales y recreativos exclusivos.
Colaboró con ensayos sobre educación, literatura, impresiones de viajes y otros temas, para periódicos y revistas nacionales y extranjeras. Dictó conferencias en Francia, España y la República Dominicanas. Perteneció a la Sociedad Femenina de Barcelona y a la Unión de Mujeres Francesas. En 1939, maestra del Liceo Ulises Francisco Espaillat.
El escritor y expresidente Joaquín Balaguer, cuenta la vocación a la enseñanza y la generosidad de Rosa Smester: “La que más influyó sobre mi formación intelectual en estos primeros años, fue doña Rosa Smester, una maestra vocacional que amaba apasionadamente las letras y que distinguía sobre todo a sus discípulos, según el grado de sensibilidad literaria que advirtiera en cada uno de ellos. Estimuló mi afición a la poesía y aprovechaba las visitas que hacía semanalmente al plantel el Intendente de Enseñanza, don Salvador Cucurullo para presentarme como el mejor declamador de su clase”. (Balaguer, 1989).

Su pasión, el magisterio y la literatura. Publicó el libro: “Prosas” (1929).
El 4 de diciembre de 1940 el Congreso Nacional promulgó la Ley No. 378, que le concedió una pensión de 70 pesos mensuales.
Sobre la muerte de Rosa Smester Marrero, el escritor y periodista José Ulises Franco, escribe: “Su deceso constituyó un verdadero duelo nacional. Se perdía de ese modo una de sus grandes y consagradas educacionistas y una intelectual vigorosa y fecunda”. (Franco, 1965).
En Montecristi, una escuela de educación básica lleva el nombre de Rosa Smester. En Villa Vásquez, una biblioteca. En Moca, una escuela. En Santo Domingo, una calle y en Santiago de los Caballeros, una urbanización.
Bibliografía
Balaguer, J. (1989). Memorias de un Cortesano de la «Era de Trujillo». Santo Domingo: Editora Corripio C. por A.
Franco, J. U. (1965). Caleidoscopio Santiagués. Santo Domingo: Imprenta Comery.

Por fin encontré la tumba de Rosa Smester Marrero
(Texto publicado en el 2021)
Tenía aproximadamente dos meses buscando en el cementerio municipal de la ciudad de Santiago de los Caballeros, la tumba o panteón de la maestra e intelectual santiaguera Rosa Smester Marrero. Anduve todas las adoquinadas calles y pasillos leyendo nombres de difuntos, sin lograr dar con el de la abnegada educadora. En varias ocasiones, visité el mausoleo de los maestros, ubicado en la calle de la entrada principal del camposanto, casi al fondo, a mano derecha, y nada. Le pregunté a Radhamés Álvarez, quien tiene cumplidos 34 años en el cementerio sin ser empleado del mismo, y quien conoce en detalles las tumbas y los nombres de cada persona allí sepultadas. Me expresó su desconocimiento sobre el tema.

En el libro de defunciones, conservado en el archivo de la oficina de administración del cementerio, debe estar asentado el nombre y lugar de sepultura de Rosa Smester; pero el protocolo dificulta el proceso, lo que hace que uno, casi siempre, tenga que aventurar por cuenta propia la búsqueda de estas personalidades meritorias.
El domingo 1 de noviembre, a las 9:30 a.m., llegué al cementerio y me dirigí de nuevo al mausoleo de los maestros. Esta vez iba sin prisa y dispuesto a leer cada una de las casi noventa lápidas que allí se encontraban, muchas deterioradas por la inclemencia del tiempo y la falta de mantenimiento. Una gran cantidad de lápidas están degastadas y los nombres de los maestros fallecidos no se pueden leer, sus nombres se han borrado como si el olvido colaborara en este sentido.
Busqué y busqué y vi todavía legible la tarja del memorable maestro José Ovidio Paulino (una escuela de Santiago lleva su nombre). Luego, en un rincón, sucia, con chorro de pintura encima, divisé una tarja de mármol blanco con el nombre de Rosa Smester. El tamaño de esta era un poco más grande que una hoja de papel 8 1/2 por 11.
Emocionado, la limpié con mis manos mientras brotaban lágrimas incontenibles sobre la tarja. Lloré en solitario por un momento, porque conozco la vida y la obra de Rosa Smester y lo que ella significó y significa aún para la historia de la educación y la cultura dominicana.








