La transformación del último siglo ha impactado positivamente la esperanza de vida dominicana, con una población que vive cada vez más años y con proyecciones de crecimiento en los próximos 35 años, lo que no está directamente relacionado con la calidad de vida de esos adultos mayores.
Factores como el aislamiento social, pérdida de autonomía, enfermedades crónicas, demencia y deterioro crónico llevan a otros diagnósticos: trastornos depresivos y de ansiedad que afectan significativamente a personas mayores de 60 años, cuya población en el país asciende a 1,424,735 personas.
Estas problemáticas pasan de la falta de diagnóstico o del consultorio a estadísticas fatales como el número de suicidios, motivado en este grupo, principalmente por el estado de ánimo .
“En primer lugar, el estado de ánimo, sobre todo la depresión mayor y los trastornos del estado de ánimo, son el factor de riesgo individual más prevalente”, develó el psiquiatra geriatra David Vargas Mena .
Cifras
Solo el año pasado 104 adultos mayores se quitaron la vida, de los cuales 70 tenían 65 años o más, una tendencia que se ha mantenido en los últimos cinco años, período en que 628 adultos mayores se han suicidado y 439 de ellos eran mayores de 65 años, conforme al Compendio de muertes accidentales y violentas 2021-2025, de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE) .
Además del estado de ánimo, otros factores provocan el suicidio de los envejecientes. Los diagnósticos catastróficos y crónicos que condicionan la calidad de vida drásticamente y la percepción de la salud, así como el aislamiento y el duelo.
Sin embargo, el psiquiatra alerta que el estado de ánimo predomina entre las causas, por lo que la salud mental en los adultos mayores es un tema sobre la mesa en materia de mejores condiciones de vida para este segmento que conforma el 9% de la población dominicana, de acuerdo al último Censo Nacional de Población y Vivienda de 2022 .
Además de la estigmatización en torno al tema, el psiquiatra deploró brechas en atención especializada, así como altos costos de medicamentos , tanto para adultos mayores como para la población en general.
“La caracterizaría como un estado precario por varios motivos; primero que todo, la brecha en la atención y acceso a salud mental que no solo es una problemática para el adulto joven, sino más para el adulto mayor, secundario al agravante de cómo tratar apropiadamente al adulto mayor”, señaló el especialista.
La depresión
Constituido como uno de los principales trastornos que provoca el deterioro de la salud mental en la adultez, los rasgos depresivos suelen pasar desapercibidos debido a varios prejuicios y conceptos arraigados en la sociedad, que normalizan los síntomas.
“Esta falsa creencia, tanto en familias como a veces en el personal médico general, de que la apatía, el aislamiento, la pérdida de memoria o la lentitud psicomotora son ‘partes normales y esperables del envejecimiento’”.
La soledad es uno de los factores que detonan el deterioro de la salud mental, ya que esta falta de interacción social incrementa la incidencia de trastornos depresivos, además de acelerar el deterioro cognitivo en estímulos de lenguaje, atención y procesamiento emocional.
Relacionado con esto, dejar de trabajar podría provocar una desestructuración de la identidad y del afecto, ya que el trabajo actúa como regulador externo del tiempo y mantiene una cotidianidad con los compañeros de trabajo, por lo que perderlo, sin sustituirlo con otras redes comunitarias, alimenta la soledad.
Asimismo, el psiquiatra Vargas Mena expuso que la pérdida de familiares y personas significativas altera “drásticamente la estructura de apoyo psicosocial, la estabilidad afectiva y la propia identidad del adulto mayor, con un impacto que varía según el tipo de vínculo y la acumulación de duelos”.
Tratamiento oportuno
Ante esta realidad, la detección y trato oportuno se consagran como las principales estrategias de prevención del suicidio y mayor efectividad clínica.
“Detectar y tratar oportunamente la depresión constituye la estrategia de prevención del suicidio de mayor impacto y efectividad clínica, especialmente en la población de adultos mayores, donde el trastorno depresivo no tratado o subdiagnosticado es el factor de riesgo modificable más fuertemente asociado a la conducta autolítica consumada”, destacó Vargas Mena, quien se especializó en psicogeriatría en la Canadian Academy of Geriatric Psychiatry.
Además, exhortó a las familias a no infantilizar al adulto mayor, garantizar que sean incluidos de forma efectiva, mantener un propósito diario, una vigilancia médica oportuna , así como evitar sobrecargar a los cuidadores de los envejecientes y recurrir a ayuda profesional.
“El cuidado de la salud mental en la vejez no es una concesión ni un lujo secundario; es un pilar fundamental de la dignidad humana y un derecho de salud pública insustituible. Envejecer no equivale a resignarse a la tristeza, la apatía o la soledad. Detrás de cada cambio conductual, queja somática o aislamiento de una persona mayor, existe una historia que merece ser escuchada, un sufrimiento que exige ser validado y, en la inmensa mayoría de los casos, un cuadro clínico que puede y debe ser abordado clínicamente”, finalizó.
De su lado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) sugiere reducir la inseguridad económica y las desigualdades de ingresos; ofrecer viviendas, medios de transporte seguros y accesibles.
Así como prestar apoyo social tanto a las personas mayores como a sus cuidadores; favorecer hábitos saludables, en especial seguir una alimentación equilibrada, mantenerse físicamente activos e implantar programas de atención social y de salud destinados a grupos vulnerables, como los adultos que viven solos o en zonas remotas y que padecen de enfermedades crónicas .
La transformación del último siglo ha impactado positivamente la esperanza de vida dominicana, con una población que vive cada vez más años y con proyecciones de crecimiento en los próximos 35 años, lo que no está directamente relacionado con la calidad de vida de esos adultos mayores.
Factores como el aislamiento social, pérdida de autonomía, enfermedades crónicas, demencia y deterioro crónico llevan a otros diagnósticos: trastornos depresivos y de ansiedad que afectan significativamente a personas mayores de 60 años, cuya población en el país asciende a 1,424,735 personas.
Estas problemáticas pasan de la falta de diagnóstico o del consultorio a estadísticas fatales como el número de suicidios, motivado en este grupo, principalmente por el estado de ánimo .
“En primer lugar, el estado de ánimo, sobre todo la depresión mayor y los trastornos del estado de ánimo, son el factor de riesgo individual más prevalente”, develó el psiquiatra geriatra David Vargas Mena .
Cifras
Solo el año pasado 104 adultos mayores se quitaron la vida, de los cuales 70 tenían 65 años o más, una tendencia que se ha mantenido en los últimos cinco años, período en que 628 adultos mayores se han suicidado y 439 de ellos eran mayores de 65 años, conforme al Compendio de muertes accidentales y violentas 2021-2025, de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE) .
Además del estado de ánimo, otros factores provocan el suicidio de los envejecientes. Los diagnósticos catastróficos y crónicos que condicionan la calidad de vida drásticamente y la percepción de la salud, así como el aislamiento y el duelo.
Sin embargo, el psiquiatra alerta que el estado de ánimo predomina entre las causas, por lo que la salud mental en los adultos mayores es un tema sobre la mesa en materia de mejores condiciones de vida para este segmento que conforma el 9% de la población dominicana, de acuerdo al último Censo Nacional de Población y Vivienda de 2022 .
Además de la estigmatización en torno al tema, el psiquiatra deploró brechas en atención especializada, así como altos costos de medicamentos , tanto para adultos mayores como para la población en general.
“La caracterizaría como un estado precario por varios motivos; primero que todo, la brecha en la atención y acceso a salud mental que no solo es una problemática para el adulto joven, sino más para el adulto mayor, secundario al agravante de cómo tratar apropiadamente al adulto mayor”, señaló el especialista.
La depresión
Constituido como uno de los principales trastornos que provoca el deterioro de la salud mental en la adultez, los rasgos depresivos suelen pasar desapercibidos debido a varios prejuicios y conceptos arraigados en la sociedad, que normalizan los síntomas.
“Esta falsa creencia, tanto en familias como a veces en el personal médico general, de que la apatía, el aislamiento, la pérdida de memoria o la lentitud psicomotora son ‘partes normales y esperables del envejecimiento’”.
La soledad es uno de los factores que detonan el deterioro de la salud mental, ya que esta falta de interacción social incrementa la incidencia de trastornos depresivos, además de acelerar el deterioro cognitivo en estímulos de lenguaje, atención y procesamiento emocional.
Relacionado con esto, dejar de trabajar podría provocar una desestructuración de la identidad y del afecto, ya que el trabajo actúa como regulador externo del tiempo y mantiene una cotidianidad con los compañeros de trabajo, por lo que perderlo, sin sustituirlo con otras redes comunitarias, alimenta la soledad.
Asimismo, el psiquiatra Vargas Mena expuso que la pérdida de familiares y personas significativas altera “drásticamente la estructura de apoyo psicosocial, la estabilidad afectiva y la propia identidad del adulto mayor, con un impacto que varía según el tipo de vínculo y la acumulación de duelos”.
Tratamiento oportuno
Ante esta realidad, la detección y trato oportuno se consagran como las principales estrategias de prevención del suicidio y mayor efectividad clínica.
“Detectar y tratar oportunamente la depresión constituye la estrategia de prevención del suicidio de mayor impacto y efectividad clínica, especialmente en la población de adultos mayores, donde el trastorno depresivo no tratado o subdiagnosticado es el factor de riesgo modificable más fuertemente asociado a la conducta autolítica consumada”, destacó Vargas Mena, quien se especializó en psicogeriatría en la Canadian Academy of Geriatric Psychiatry.
Además, exhortó a las familias a no infantilizar al adulto mayor, garantizar que sean incluidos de forma efectiva, mantener un propósito diario, una vigilancia médica oportuna , así como evitar sobrecargar a los cuidadores de los envejecientes y recurrir a ayuda profesional.
“El cuidado de la salud mental en la vejez no es una concesión ni un lujo secundario; es un pilar fundamental de la dignidad humana y un derecho de salud pública insustituible. Envejecer no equivale a resignarse a la tristeza, la apatía o la soledad. Detrás de cada cambio conductual, queja somática o aislamiento de una persona mayor, existe una historia que merece ser escuchada, un sufrimiento que exige ser validado y, en la inmensa mayoría de los casos, un cuadro clínico que puede y debe ser abordado clínicamente”, finalizó.
De su lado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) sugiere reducir la inseguridad económica y las desigualdades de ingresos; ofrecer viviendas, medios de transporte seguros y accesibles.
Así como prestar apoyo social tanto a las personas mayores como a sus cuidadores; favorecer hábitos saludables, en especial seguir una alimentación equilibrada, mantenerse físicamente activos e implantar programas de atención social y de salud destinados a grupos vulnerables, como los adultos que viven solos o en zonas remotas y que padecen de enfermedades crónicas .