Quiero iniciar este diálogo con ustedes, partiendo de mis pensamientos en voz alta sobre el sistema cloacal de San Francisco de Macorís. Un sistema que, desde mis observaciones, ha colapsado. Y esto no es una exageración: en intervalos cada vez más cortos, se registran socavones y hundimientos en múltiples calles del centro urbano y sectores cercanos al casco histórico.
Pero estos hundimientos parecen competir con los brotes de aguas residuales y heces fecales que, sin un cauce funcional, irrumpen por los imbornales y alcantarillas, desbordándose en calles y contenes. Nos convierten en usuarios involuntarios de su fragancia penetrante y su imagen persistente, que se ancla en nuestra memoria visual como una advertencia constante.
Este fenómeno tiene múltiples causas: la falta de mantenimiento y limpieza de los imbornales, la irresponsabilidad ciudadana en el manejo de desechos sólidos, y sobre todo, el colapso estructural del sistema cloacal, cuya existencia operativa parece haberse desvanecido.
Debajo de nuestras calles se ha formado un cáncer urbano, que no admite paliativos ni reparaciones parciales. La única solución viable es la extirpación total: la construcción de un nuevo sistema cloacal, moderno y funcional, que responda al crecimiento demográfico y al nuevo concepto urbanístico de nuestra ciudad.

¿Qué dicen las cifras?
Según la Oficina Nacional de Estadística (ONE), San Francisco de Macorís cuenta con una población urbana de más de 149,000 habitantes. Esta cifra, que sigue en aumento, exige una infraestructura sanitaria proporcional y sostenible. Sin embargo, el sistema actual no ha sido ampliado ni modernizado en décadas, y lo que era el reservorio hay un barrio lo que ha generado una presión insostenible sobre las redes de alcantarillado.
Además, estudios sobre gestión de residuos sólidos en el municipio han revelado que la disposición final de desechos se realiza en vertederos a cielo abierto, lo que representa una amenaza directa a la salud pública y al medio ambiente. Aunque hay iniciativas de gestión integral, por parte de la alcaldía a un costo muy alto para el municipio por la tercerización de ese servicio.
¿Quién administra el sistema?
- Históricamente, el Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados (INAPA) ha sido la entidad encargada de la administración del sistema cloacal en San Francisco de Macorís. Sin embargo, su presencia en el municipio ha sido intermitente y limitada, y no existe una corporación local con autonomía técnica y financiera dedicada exclusivamente al mantenimiento y expansión del sistema. Aunque es bueno que usted sepa que en este municipio fue creada CORAADUARTE: en 2007 para la administración, operación y mantenimiento del acueducto y alcantarillado de la provincia Duarte, pero hasta el momento no ha iniciado sus operaciones.
¿Qué está en juego?
Si no se asume esta situación con responsabilidad desde el Estado, desde el gobierno como ejecutor de políticas públicas, y desde una ciudadanía activa que exija sus derechos, enfrentaremos epidemias y enfermedades que no discriminarán por clase social, credo, ocupación ni nacionalidad. Nos afectará a todos: pobres, clase media, comerciantes, chiriperos, venduteros, profesionales, dominicanos y extranjeros que cohabitamos esta tierra.
Es responsabilidad del Estado dominicano iniciar las reparaciones ahora, antes de que sea demasiado tarde. Pero también es responsabilidad nuestra, como ciudadanos francomacorisanos, como entes sociales, activistas, comunicadores, creyentes o no creyentes, unir nuestras voces y pensamientos hacia una solución estructural.
El contexto urbanístico ha cambiado. La población ha crecido. Por tanto, la solución debe estar en correspondencia con esta nueva realidad, proyectada en tiempo y espacio, donde el bienestar colectivo sea el centro y objetivo principal.









