José Bretón. Nació en Moca el 17 de agosto de 1890. Falleció en Santiago de los Caballeros el 27 de enero de 1970. Realizó sus estudios primarios y secundarios en su pueblo natal. Luego se estableció en la ciudad de Santiago donde se graduó de maestro en la Escuela Normal Superior. Laboró durante mucho tiempo en escuelas y colegios de Santiago y fue inspector de educación en varios pueblos de la región cibaeña. También ejerció sus otras dos pasiones: la literatura y el periodismo. Fue redactor de los periódicos: La Información, Listín Diario, La Nación y El Caribe. Posteriormente director del periódico El Sol.

Se casó con la señorita América Morales con quien procreó cuatro hijos: René Omar, José Luis, Elías y Miguel Antonio Bretón Morales.
Escribió los libros de poesía: “Sombras y Lampos” (1932), “Péndulo” (1935), “Camino” (1937), “Las musas y el Generalísimo” (1937), “Retorno de la palabra blanca” (1947), “Poemas de mi vigilia” (1951), “Monólogo que se le perdió a un loco” (1958), “Poema de hambre y una oda de esperanza” (1967) y “Tres estaciones soterradas” (1969).

En el género ensayo las obras: “Un avance de la historia de 31 años de tiranía” (1962), “Puerto Rico y Santo Domingo en el mensaje de la historia” (1964).

El poeta, ensayista y periodista vegano Juan José Ayuso Espinal, de José Bretón escribe: “Con paso largo y lento, alta la cabeza y un tabaco fino entre los dedos, José Bretón paseaba las calles de Santiago. Un poema de pisadas y huellas”.
Profesor de la secundaria durante muchos años, a Bretón lo conocía mucha gente y mucha gente lo quería. La vida quiso maltratarlo, sometiéndolo al anonimato, pero él venció. Quizás ahora estaba llamado a producir su mejor obra.
A las puertas del diario LA INFORMACIÓN, Bretón tropieza con un grupo de escritores jóvenes. Viene la evocación. De sus andanzas como inspector de educación extrae “Punto de Guerrillero”. Lo explica. Semanas más tarde es un poema en la edición dominical de El Nacional. Luego convida a una extraña ceremonia —que no llega a realizarse—, en la que sería leída su obra sobre gramática para quemarla luego. “No vale la pena”, decía”. (Ayuso, 1970).

José Ayuso, en su crónica también destaca: “Su edad veinticinco años. Tal vez doblaba esa cifra, pero lo decía con seriedad y seguridad. Y había que creérselo. Por dentro era un muchacho. Su pensamiento era fresco y vivo como el de un adolescente al que se hubiera dado la madurez de la experiencia”.
Algunos escritores nuevos le rinden, con una mezcla de cariño y respeto, el reconocimiento que quizás otros se negaron, José Bretón se siente satisfecho. No orgulloso, sino jubiloso. El árbol que planta cobijará a los jóvenes. Nada mejor.
Este dominicano no es solo un artista. Es un pedazo de historia viva que ha sabido recoger en sus correrías por el llano y las montañas rurales. Conoce el canto del hacha y la décima, los gritos que preguntan y responden en el distante caserío de la aldea.
El contacto con lo criollo lo acerca a una dominicanidad de la que es representante. De aquí por los cuatro costados, como sus poemas desde el “Monólogo que se le perdió a un loco” hasta “Punto de guerrilla”. Y todo el recuerdo, este recuerdo en que se juntan lo amargo y lo dulce nace, de una llamada telefónica. Suena el timbre. Alguien levanta el auricular. Se oye una voz: “esta tarde murió Bretón”. Será triste, muy triste, caminar por las calles de Santiago con la angustiosa seguridad de que no se tropezará con los pasos largos y lentos, la alta mirada y el fino cigarro entre los dedos de José Bretón”. (Ayuso, 1970).

El escritor, historiador, antólogo y gestor cultural Julio Jaime Julia Guzmán, compueblano de José Bretón, precisa: “JOSE BRETÓN es igualmente tierno en varias de sus composiciones, pero tiene la particularidad de haberse adelantado a su época en la expresión de una nueva dinámica poética.

“Las palabras del árbol” es un tema antológico, que contrasta quizás con su “América”, de mayor aspiración, aunque de más pobre fuerza poética. La mayor parte de sus poemas están impregnados de vocablos o firmes lamentaciones, de evocaciones tristes, de tristes desconsuelos. Su poema “Humo” revela tajantemente su deseo de morir y la firme conciencia de su próximo fin, su “deseo vehemente de abreviar esta jornada de la vida”. José Bretón murió de cáncer”. (Julia, 2013).

El poeta José Bretón fue velado en la Funeraria Protectora La Altagracia y de allí llevado a la Capilla Cristo Redentor del cementerio municipal de la 30 de Marzo de Santiago, donde le fue oficiada una misa de cuerpo presente. Posteriormente sepultado en el mismo camposanto. Las misas del novenario se efectuaron en la Catedral Metropolitana Santiago Apóstol “El Mayor” a partir del 7 de febrero a las 6:00 de la tarde.
Bibliografía
Ayuso, J. J. (30 de enero de 1970). Bretón, pág. 8.
Julia, J. J. (2013). Pensalto. Santo Domingo: EDICIONES FERILIBRO.









