Juan Chery Victoria. Nació en Santiago de los Caballeros en 1883. Falleció en la misma ciudad en 1943. Hijo de Eduardo Victoria y Adriana Guzmán. Realizó sus estudios básicos y secundarios en su pueblo. Poeta y periodista.
Sus textos poéticos de corte romántico, erótico y satírico fueron dados a conocer en periódicos y revistas locales y nacionales, entre ellos: Listín Diario, El Diario, La Información, El Machete, Ateneo, Almanaque Literario, Comercial y Agrícola, La Cuna de América y El Parnaso Dominicano.
Laboró como redactor del “Almanaque Literario, Comercial y Agrícola” y “El Álbum”, ambos medios fundados y editados en Santiago de los Caballeros. En 1904 fundó y dirigió el periódico “El Iris”.
Joaquín Balaguer, amigo de Juan Chery Victoria, escribe: “Fue un poeta para auditorios poco numerosos. El tono eternamente melancólico y, ante todo, casi desvaído de sus versos, riquísimos de emoción, pero muy pobres de acústica y de resonancia exterior, no gustan a todo el mundo, sin que por eso dejen de ser sus poesías obras de verdadero mérito, llena de una honda emotividad que suple con ventaja el halago del consonante y el lujo de las formas expresivas. Los poetas de esta clase escasean en la poesía nacional donde abundan más los líricos dotados de grandes recursos ornamentales y de mucha fantasía plástica, que aquellos que parecen nacidos para la vida interior y para la contemplación solitaria”. (Balaguer, 1988).
Balaguer, también, argumenta: “Pero tal vez por eso mismo atraen tanto a cierto público de elegidos estos poetas que nos cuentan a media voz sus congojas y que, en vez de palabras y de signos abstractos, tienden a emplear suspiros y sollozos para expresar sus quejas y para hacernos partícipe de sus pesares más callados. Todas las composiciones de Juan Chery Victoria, tales como: “Fugitivas”, “Símil”, “La noche” y “Alegoría”, son cosas simples, sin mucho calor, sin vida cerebral, sin retoricismo y sin afectación de ningún género, pero dotadas, no obstante, de cierto movimiento íntimo que se parece a la expansión incoercible de un alma que no dispone para manifestarse de medios materiales”. (Balaguer, 1988).
El periodista y escritor vegano José Agustín Concepción relata una anécdota curiosa sobre Juan Cheri Victoria publicada en el periódico El Diario del 3 de agosto de 1916. La reseña cuenta lo siguiente: “Ayer, día de Nuestra Señora Reina de los Ángeles, fue llevado al santuario de dicha Virgen, en Canca, el ilustrado y distinguido joven Juan Cheri Victoria, quien hace más de cuatro años venía sufriendo de aguda enfermedad que le había privado el uso de la palabra.
Después de haber oído la misa, y en momentos en que regresaba para esta ciudad, el joven Cheri, recobrando de improviso el don del habla, pronunció palabras de plegarias a Dios y a la Virgen”. (Susana, 2017).
Juan Chey Victoria se encuentra sepultado en el cementerio de la ciudad de Santiago (30 de Marzo).
Bibliografía
Balaguer, J. (1988). Historia de la Literatura Dominicana. Santo Domingo: Talleres Gráficos de Editora Corripio.
Susana, J. A. (2017). Ambito Cibaeño. Santo Domingo: Editora Búho.

Juan Cheri Victoria*
Entre el grupo de Jóvenes intelectuales, orgullo de ayer como hoy de nuestras letras, que se inició en las postrimerías del año 1904, que fue el verdadero creador del ciclo más brillante del florecimiento literario en Santiago, figuraba un poeta (muerto ya desgraciadamente para el Arte) que se reveló, desde un principio, como un admirable “creador de cosas bellas”: Juan Cheri Victoria.
En la revista EL IRIS, EL ALBUM, EL PENSAMIENTO, los tres exponentes más significativos de nuestra capacidad mental y de nuestra cultura literaria en aquella época, provocaban las poesías de este compositor de músicas verbales oleadas de orgullo y entusiasmo que vaticinaban la aparición de un buen poeta en el proscenio de las desmedradas letras nacionales…
Su verso, pulcrísima figulina de Tanagra, era anunciador de un portalira espléndido al par que su inspiración, flor centifolia con un color distinto en cada pétalo, era reveladora de un espíritu selecto, de esos que sólo se complacen con las cosas que más exultan y prestigian la naturaleza sentimental del alma humana. Pero, como esos pájaros que, cantando en la noche bajo la claridad plenilunar, interrumpen su canto porque una nube empañe, con su velo de viuda, la palidez de Sostén que convalece la luna, Juan Cheri Victoria fue interrumpido, en los comienzos de su labor artística, por una enfermedad traidora que, si dejó vivo al hombre, mató en cambio al poeta y le cortó las alas al ruiseñor melódico que ya no pudo vaciar más, en la tesitura del verso, toda la angustia de su psiquis enferma…
Hablando de don Benito Pérez y Galdós, un crítico español –Rafael Altamira Crevea—notable ya en las letras contemporánea, dice con penetrante y analítica certeza: “Cuando un artista acierta a herir con el filo de su inspiración todas las cuerdas sensibles del corazón o de la inteligencia humana, puede desafiar impunemente la versatilidad de los gustos y la obra del tiempo (que cierne y arrincona) seguro de triunfar siempre”.
Artistas como Flaubert, quintaesenciado la forma, y como Montalvo, renovado el léxico, han herido el corazón, con el valor hondamente humano de sus múltiples creaciones, y han herido también las inteligencias con la sutilidad ultrasensible de su extraordinaria intuición estética que, en ocasiones, sobrepase todas las posibilidades perceptivas…
Otros, que no tienen la paciente genialidad de Flaubert, para crear, ni la exallada genialidad de Montalvo, para renovar, tienen, sin embargo, sensibilidad artística lo suficientemente emotiva para hacer sentir a los demás, sin llegar por eso al summun del arte, las distintas emociones que a cada instante cambian la perspectiva del paisaje interior…
Juan Cheri Victoria es de estos últimos artistas. No es, como lo que dice el mencionado crítico español, de los que hieren a la vez todas las cuerdas del corazón y la inteligencia humana. Pero a la manera de esos músicos que no saben tocar más que un instrumento, pero que lo tocan tan sabiamente que casi llegan hasta dónde puede llegar la perfectibilidad dentro del arte, Juan Cheri Victoria no supo tocar más que una sola cuerda de esa lira que todos llevamos dentro, de esa alma recóndita que, a cambio de una superioridad sentimental sobre los demás seres de la creación, nos hace sufrir tanto para abandonarnos después con el último hálito de vida…Con Apolinar Perdomo nuestro poeta erótico por excelencia, hubiera compartido, si una enfermedad traidora no lo hubiese alejado tan temprano de la vida del arte, la gloria de ser un colorista del amor que trasladara al verso la pasión, en sus modalidades más diversas, con la misma facilidad con que Velásquez o cualquier otro aristócrata de la línea –Felicien Rop, por ejemplo–, trasladaban al lienzo con el pincel el alma del paisaje…
Y ya que hablamos de pintores, recordemos, para aplicárselas a Cheri Victoria, las significativas palabras de Sorolla sobre Blasco Ibáñez: “Es, entre los novelistas españoles contemporáneos, el que más se parece a un pintor”. Entre el selecto grupo de nuestros jóvenes poetas, Juan Cheri Victoria es el que más extraño parentesco tiene con los pintores; su verso, más que otra cosa, pinta, dibuja, combina tonalidades para perfeccionar el colorido. Hace, a su antojo, más pálido el tono violeta de la tarde, baja al fondo del paisaje, como el pincel al fondo del cuadro, y sube como Sol encendiendo el rubor de las corolas…
Sin embargo, no se piense jamás que un pintor educado en la escuela del Durero capaz de reproducir las alegorías apocalípticas, ni en un pintor vaciado con el molde de Rubens, para pintar guerreros de galope en briosos corceles y para retratar burgueses mofletudos ataviados con el chambergo de plumas y el abigarrado traje dominguero…Piénsese más bien en pintor a la manera de Watteau, nacido para retratar princesistas aldeanas, o en un pintor nacido, como Betticcelli, para pintar figulinos de Tanagra y para dibujar ramos de flores en las “ tasas de te repletas de perfume” en cuyos bordes hace verdaderos prodigios el Arte miniaturista de los pintores japoneses…
Juan Cheri Victoria hubiera llegado a ser, sin duda, un gran poeta del amor, un intérprete de la pasión quizás tan excelente como el exquisito Apolinar Perdomo…Pero lo que no es, ni hubiera llegado a serio nunca, es un poeta verdaderamente integral, pulsador de la lira proteica que tiene todas las cuerdas y produce todos los sonidos…Su lira fue absolutamente monocorde, absolutamente erótica: poseedora de una sola cuerda y creadora de un solo erotismo perfumado, sutil, casi etéreo y casi femenino. Y esta cualidad es, sin embargo, envidiable en Juan Cheri Victoria, porque él es como esos pintores del Falansterio Prerrafaelista que no están bien sino en el marco del Renacimiento…y a pesar de que nunca hubiera llegado a ser, en modo alguno, un poeta integral, de él podría decirse, como de aquel Rey tan celebrado por Jhon Ruskin, que, si la mañana no hubiera cerrado tan pronto, “el Alba de Oro fuera suya…”.
*Texto publicado en la revista literaria ANARCOS, el 23 de noviembre de 1923.
ALMA SONORA
Un piano en el salón, regio, sonoro.
Tú te acercas radiosa y oportuna
y despierta a lo azul su rayo de oro,
como una estrofa del jardín, la luna.
Tu alma es como blanca mariposa
que vuela sobre un sueño de armonía
con un divino florecer de rosa
bajo la azul diafanidad del día.
Tus manos, madrigales de ternura,
son como lirios nítidos del prado
que reciben sus mieles de la altura
y las vierten después sobre el teclado.
Cuando tu noble inspiración arranca
sonoridad de cielos a tu piano,
cruzando va la mariposa blanca
por el jardín de lirios de tu mano.
Cesa el encanto del rumor sonoro,
y una esperanza cruza por la vida
en el ala sutil del rayo de oro
que despertó la vibración dormida.
Tus notas son como una flor de seda
que va por el espíritu pasando.
Después…te alejas y el marfil se quema
Con los dos lirios del jardín soñado.










