Si me preguntaran que cuáles son las mayores exigencias que tiene la creación de literatura para niños, las enumeraría del siguiente modo: 1ro. Quien la produzca deberá despojarse de todas las preocupaciones que son inherentes al mundo de los adultos. 2do. El escritor deberá estar dispuesto a volverse duende para desde el mundo infantil proyectar el universo mágico del infante, y 3ro. Deberá desafiar el mayor de los obstáculos, que es la complejidad de su propia lengua para desde ella elegir y expresar en un lenguaje comprensible al infante, el ambiente vivencial que rodea y trasciende a éste como parte de su cotidianidad.

Si logra esto, entonces podrá penetrar y percibir su espacio, comprenderá su universo de interés, tratará los temas que conciernen al niño y que son parte de su natural contacto diario. Verá que en la aparente simpleza de lo cotidiano, se esconde el infinito mundo de la imaginación y creará literatura para que el niño la disfrute. Además, dará a cada cosa una nueva importancia, porque verá con el corazón lo que siempre miró con los ojos.
Digo esto, porque mucha de la literatura para niños “(…) adolece casi siempre de la misma falta: las virtudes que presupone ejemplares, suelen ser mediocres; las situaciones que pretenden ser emocionantes a lo sumo resultan sentimentales; el lenguaje empleado es, por regla general, poco expresivo”. (Cumbre, 1964).
Por largo tiempo, la literatura para niños en la República Dominicana prescindió de aspectos importantísimos para su creación, pues “(…) a menudo lo sobrenatural no cuenta, el propósito pedagógico o simplemente informativo es más importante”. (Cumbre, 1964).
Pero poniendo a un lado estos aspectos, me permitiré reseñar cuál ha sido la labor realizada por nuestros escritores, aunque en textos dispersos. En la narrativa, podemos mencionar a Ana Virginia Peña de Bordas, “La Eracra de Oro” y “La Princesa de los Cabellos Platinados” (1950); Juan Bosch con “Cuento de Navidad” (1956); Enrique Eusebio con “Mi Muñeca Dolly” (1974); Miladys Alemán con “El País de los Niños” (1979); y Alicia Romero de Florén con “Mi Huerto” (1979); entre otros importantes creadores.

No es sino entre finales de la década del setenta y principios de los ochenta cuando el género cuento para niños se desarrolla en República Dominicana en textos íntegros. Veamos: Lucía Amelia Cabral con “Hay cuentos que contar” 1977, “Gabino” y “Sorprendido, el plátano” 1979, y en 1999, “Camino de Libertad”. También en 1979, Aída Margarita Selman con “El Tiempo de un Cuarto” y en 1983, con “Cuando la Luna Llega”. En 1980, Estrella Betances de Pujadas con “Unos cuentos para padres con sus Niños”. En 1982, Larelay Carrón con “Roberta: la Elefanta Roja y Coqueta”, “Y se los llevó el Sol” en 1996, “Jinete de Nubes” y “Ofelia” 2001. En 1982, José Eliseo Noble Espejo con “Soy el Punto”. En 1982, Miguel Phipps Cueto con “La Araña y el Mosquito Sabio”. En 1982, Leo Flores con “La vieja Belén”. En 1982, Marianne de Tolentino con “El Árbol de los Pájaros,” y en 1983, con “Juguemos a Trabajar”. En 1984, Eleanor Grimaldi con “Cuentos Infantiles y Juveniles”, “El sueño de Penélope” 1999 y en 2000, “Ternura entre el Mar y el Cielo”. En 1985, Manuel Rueda con “Papeles de Sara y otros relatos”. En 1986, Jimmy Sierra con “La Ciudad de los Fantasmas de Chocolate,” y en el 2000, “Los Cuentos de Papá Leche”. En 1986, Judith Gutiérrez Alba con “La Mariposa que Sabía de Emergencia Eléctrica”. En 1990, Mary Collins de Colado con “La Gatita Mina y sus Amiguitas las Violetas”, Manuel García Arévalo con “La Primera Comunión de Laura” 1990. En 1992, Brunilda Contreras con “Al pie del Arco iris”, y en 1993, con “Tras la olla de oro”. En 1995, Carol Cárdenes con “Bajo un Mismo Sol”. En 1998, Aída Bonnelly de Díaz con “Vuelos de amigos: cuentos infantiles” y “Tino, el Dinosaurio” 2000. En 1990, Oscar Holguín-Veras con “Grum Grum El Centolla”, “Los bosques de Holguín” 1986 y “La doncella encantada de las aguas blancas” 1997. Altagracia Elisabeth Balaguer Rubiera con “Trucando” 1998, y Margarita Luciano López con “El día en que llevaron la electricidad al paraje La Ciénega” 1988, “Sendero de Paz” 1997, “El día en que dos ciudades contrarias descubrieron que eran hermanas 1999, y en el 2000, “¿Quién se ha Robado el Verde?”. En 1999, Carmen Dinorah Coronado con “Bosquilandia”, y María Aybar con “Cuento de María Aybar I, I1 y I11”. En el 2000, Avelino Stanley Rondón con “Los tres Reyes Magos”. En el 2002, Tomás Castro Burdiez con “Balle Nita y el Pez Cador”, y José Enrique García con “Un Pueblo Llamado Pan y otros Cuentos Infantiles” 2001. También en el 2001, Marcio Veloz Maggiolo con “Historia de Niña Flor”. En el 2002, póstumo “El Caballito de los Siete Colores”, de nuestro Poeta Nacional, don Pedro Mir.

En todos estos escritores reconocemos una gran capacidad creativa, logrando con sus obras armonizar en sensibilidad e imaginación con el público infantil. Pero este recuento no estaría completo si omitiéramos a un escritor y un libro que he colocado, prescindiendo de cronologías, al final. Se trata de nuestro Pedro Henríquez Ureña, que con sus “Cuentos de la Nana Lupe”, publicados primero sin firma en El Mundo, de México (Septiembre-Octubre de 1923), y reunidos después de su muerte, en 1966,3 escribe el primer libro estructurado con motivos puramente infantiles. Eso es todo en cuanto a la narrativa.
Hablemos ahora sobre la poesía infantil, lo primero es que ésta no ha tenido tradición en nuestra sociedad. Aunque hay mucha poesía suelta creada para niños, es en la década de los ochenta cuando ésta inicia su arranque definitivo con “Poesía para ti,” en 1983, y en 1995, “Cristal de Ilusiones” de Eleanor Grimaldi. En 1977, Rafael Peralta Romero con “Niño y Poesía” y en 1992 “Un Chin de Caramelo”. En 1983, Haffe Serulle con “Preparó su cuerpo y regresó a la Luna”. En 1992, Nelson Then con “Pinta Poesía” y en 1996 “Capulino el Patriota”. En 1996 Virgilio Hernández con “Del Punto al Cuerpo Geométrico.”, “Mi Bandera”, “Aves de mi país” y “Versos Escolares”. En 1997, Mary Collins de Colado con “Pinta Ilustra No.1” en 1998 “Pinta Ilustra No.2” en 1999, “Pinta Ilustra No.3” y “Pinta Ilustra No.4.”. En 1997, Carmen Dinorah Coronado con “Alma de Niños”, y Margarita Luciano con “Arroz con Mango” 1996, “De Ronda por Mi País” 1997, y Rafael Nino Félix, con “Poema-Canciones para Niños”, de fecha desconocida.
Antes de la década de los ochenta sólo conocemos un libro pensado como tal y es el titulado: “La Patria en la Canción”, en 1933, obra ésta de motivación didáctica, escrita por el poeta, escritor y educador santiagués Ramón Emilio Jiménez.
Otro libro que nos parece interesante, pero que no es más que una recopilación de pasatiempos infantiles: Juegos, Canciones de Cuna, Retahílas, Turulelas, Sorteos, Rondas, Adivinanzas, Acertijos y Trabalenguas, es el de la investigadora de temas folklóricos, la azuana doña Edna Garrido de Boggs, titulado: “Folklore Infantil en Santo Domingo” 1956.
La novela para niños ha sido poco explorada como creación literaria en nuestro país, en el género sólo conozco dos obras publicadas. Estas son: “De dónde vino la gente” 1978 y “El jefe iba descalzo” 1997, del escritor vivo más importante de la República Dominicana, Marcio Veloz Maggiolo.

Después de este recorrido podemos asegurar que en la República Dominicana en las ¾ partes del siglo XX, esto es, en los primeros sesenta y cinco años del siglo pasado no hubo escritores de poesía infantil. Pero los últimos veinte años (1983-2003) han representado, sin embargo, el nacimiento de una literatura donde el infante es su eje y se toman en cuenta dos de los aspectos que, desde nuestro punto de vista son básicos para la elaboración de una propuesta literaria infantil.
Primero, que no es sino “(…) hacia los cinco o seis años (que) el niño demuestra gran interés por el ritmo de las palabras, pero al comenzar sus estudios, pierde casi siempre esta afición”. (Obra Lírica, obras dramáticas, cuentos, interamer, apéndice., 2003).
Segundo, que el niño, a cierta edad sólo le interesa el juego que ponga en movimiento su cuerpo o el ritmo de las palabras, pero distantes éstas de las preocupaciones temáticas. (Obra Lírica, obras dramáticas, cuentos, interamer, apendice., 2003).
Ensayo publicado en “Voz Literaria” y el periódico “La Información” en el 2003.
Bibliografía
(2003). Obtenido de Obra Lírica, obras dramáticas, cuentos, interamer, apéndice.
Cumbre, E. (1964). Literatura Infantil y para Muchacho. Ciudad México: Editorial Cumbre, C. por A. Tomo VII.
http: www.IACD.ORG/INTERRARHTML/CAR-APEND-C,HTM (OBRA LIRICA, OBRAS DRAMATICAS, CUENTOS, INTEMER. (2003).








