Hoy 21 de octubre es “Día de los Poetas”, declarado por el presidente Joaquín Balaguer (también poeta), mediante el decreto No. 4068 del 12 de noviembre de 1973, en memoria del natalicio de la poetisa y educadora Salomé Ureña de Henríquez, nacida el 21 de octubre de 1850.
Aunque el decreto manda a que cada año el hoy Ministerio de Educación y las asociaciones culturales, se encarguen de las actividades para su recordación, lo cierto es que tanto la poesía como los poetas se constituyen en nuestro país en lo que el poeta Juvenal llamó “rara avis”.
Considerando que esta fue una tierra fundada por poetas y administrada, imaginada y libertada por cultores de la palabra y pensamiento, hemos solicitado la colaboración del poeta y gestor cultural dominicano radicada en Canadá, Puro Tejada, para que nos ayude a construir una lista de #10Poemas para la celebración de este día.

Gólgota rosa/ Fabio Fiallo
Gólgota rosa
Del cuello de la amada pende un Cristo,
joyel en oro de un buril genial,
y parece este Cristo en su agonía
dichoso de la vida al expirar.
Tienen sus dulces ojos moribundos
tal expresión de gozo mundanal,
que a veces pienso si el genial artista
dióle a su Cristo alma de don Juan.
Hay en la frente inclinación equívoca,
curiosidad astuta en el mirar,
y la intención del labio, si es de angustia,
al mismo tiempo es contracción sensual.
¡Oh, pequeño Jesús Crucificado!,
déjame a mí morir en tu lugar,
sobre la tentación de ese Calvario
hecho en las dos colinas de un rosal.
Dame tu puesto, o teme que mi mano
con impulso de arranque pasional,
la faz te vuelva contra el cielo y cambie
la oblicua dirección de tu mirar.

A mi Pedro/ Salome Ureña
Mi Pedro
Mi Pedro no es soldado; no ambiciona
de César ni Alejandro los laureles;
si a sus sienes aguarda una corona,
la hallará del estudio en los vergeles.
¡Si lo vierais jugar! Tienen sus juegos
algo de serio que a pesar inclina.
Nunca la guerra le inspiró sus juegos:
la fuerza del progreso lo domina.
Hijo del siglo, para el bien creado,
la fiebre de la vida lo sacude;
busca la luz, como el insecto alado,
y en sus fulgores a inundarse acude.
Amante de la Patria, y entusiasta,
el escudo conoce, en él se huelga,
y de una caña, que transforma en asta,
el cruzado pendón trémulo cuelga.
Así es mi Pedro, generoso y bueno,
todo lo grande le merece culto;
entre el ruido del mundo irá sereno,
que lleva de virtud germen oculto.
Cuando sacude su infantil cabeza
el pensamiento que le infunde brío,
estalla en bendiciones mi terneza
y digo al porvenir: ¡Te lo confío!

Paisaje con un merengue al fondo / Franklin Mieses Burgos.
Paisaje con un merengue al fondo
Por dentro de tu noche
solitaria de un llanto de cuatrocientos años;
por dentro de tu noche caída entre estas islas
como un cielo terrible sembrado de huracanes;
entre la caña amarga y el negro que no siembra
porque no son tan largos los cabellos del agua;
inmediato a la sombra caoba de tu carne:
tamarindo crecido entre limones agrios;
casi junto a tu risa de corazón de coco;
frente a la vieja herida violeta de tus labios
por donde gota a gota como un oscuro río
desangran tus palabras,
lo mismo que dos tensos bejucos enroscados
bailemos un merengue:
un furioso merengue que nunca más se acabe.
-¿Que somos indolentes? ¿Que no apreciamos nada?
¿Que únicamente amamos la botella de ron,
la hamaca en que holgazanes quemamos el andullola
del ocio en los cachimbos de barro mal cocidos
que nos dio la miseria para nuestro solaz?
Puede ser; no lo niego; pero ahora, entre tanto,
bailemos un merengue hasta la madrugada,
entre ajíes caribes de caricias robadas,
cabe cielos ardidos de fuego de aguardiente,
bajo una blanca luna, redonda, de cazabe.
Que ya me están urgiendo de caminos reales
los nísperos canelas de tus propios racimos,
y no sé de qué soles tropicales me vienen
todas estas violentas viscerales urgencias
de querer cimarronas morbideces de sombras.
-¿Que hay muchos que aseguran
que aquí, entre nosotros,
la vida tiene el mismo tamaño de un cuchillo?
¿Que nuestra gran tragedia como país empieza
desde cuando aprendimos a tocar el bongó?
¿Que el acordeón y el güiro han sido los peores
consejeros agrarios de nuestros campesinos?
Puede ser; no lo niego; pero ahora, entre tanto,
bailemos un merengue que nunca más se acabe,
bailemos un merengue hasta la madrugada:
que un hondo río de llanto tendrá que correr siempre
para que no se extinga la sonrisa del mundo.
-¿Que el machete no es sólo en nuestras duras manos
un hierro de labranza para cavar la tierra
pequeña de conuco, sino que muchas veces
se ha convertido en pluma para escribir la historia?
Puede ser, no lo niego; pero ahora, entre tanto,
bailemos un merengue que nunca más se acabe,
bailemos un merengue hasta la madrugada:
que ya no serán sólo tus manos olvidadas
dos sonámbulas rutas de futuras vendimias
sobre una tierra brava;
ahora te daremos otras maternidades
fecundas de distintas raíces verticales.
-¿Que fuimos y que somos los mismos marrulleros;
los mismos reticentes del pasado y de siempre?
¿Que dentro de la escala de los seres humanos
hay muchos que suponen que nosotros no vamos
más allá del alcance de un plato de sancocho?
Puede ser; no lo niego; pero ahora, entre tanto,
bailemos un merengue de espaldas a la sombra
de tus viejos dolores,
más allá de tu noche eterna que no acaba,
frente a frente a la herida violeta de tus labios
por donde gota a gota como un oscuro río
desangran tus palabras.
Bailemos un merengue que nunca más se acabe,
bailemos un merengue hasta la madrugada:
el furioso merengue que ha sido nuestra historia.

Una mujer está sola/ Aida Cartagena
Una Mujer está Sola
Una mujer está sola. Sola con su estatura.
Con los ojos abiertos. Con los brazos abiertos.
Con el corazón abierto como un silencio ancho.
Espera en la desesperada y desesperante noche
sin perder la esperanza.
Piensa que está en el bajel almirante
con la luz más triste de la creación
Ya izó velas y se dejó llevar por el viento del Norte
con la figura acelerada ante los ojos del amor.
Una mujer está sola. Sujetando con sus sueños sus sueños,
los sueños que le restan y todo el cielo de Antillas.
Seria y callada frente al mundo que es una piedra humana,
móvil, a la deriva, perdido el sentido
de la palabra propia, de su palabra inútil.
Una mujer está sola. Piensa que ahora todo es nada
y nadie dice nada de la fiesta o el luto
de la sangre que salta, de la sangre que corre,
de la sangre que gesta o muere en la muerte.
Nadie se adelanta ofreciéndole un traje
para vestir una voz que desnuda solloza deletreándose.
Una mujer está sola. Siente, y su verdad se ahoga
en pensamientos que traducen lo hermoso de la rosa,
de la estrella, del amor, del hombre y de Dios.

El viento frio/ René del Risco
El viento frío
Debo saludar la tarde desde lo alto,
poner mis palabras del lado de la vida
y confundirme con los hombres
por calles en donde empieza a caer la noche.
Debo buscar la sonrisa de mis camaradas
y tocar en el hombro a una mujer
que lee revistas mordiendo un cigarrillo;
ya no es hora de contar sordas historias
episodios de irremediable llanto,
todo perdido, terminado.
Ahora estamos frente a otro tiempo
del que no podemos salir hacia atrás,
estamos frente a las voces y las risas,
alguien alza en sus brazos a un niño,
otros hay que destapan botellas
o buscan entretenidamente alguna dirección,
una calle, una casa pintada de verde
con balcones hacia el mar…
Debo buscar a los demás,
a la muchacha que cruza la ciudad
con extraños perfumes en los labios,
al hombre que hace vasijas de metal,
a los que van amargamente alegre a las fiestas.
Debo saludar a los camaradas indiferentes
y a los que viajan hacia otra parte del mundo,
porque todo ha cambiado de repente
y se ha extinguido la pequeña llama
que un instante nos azotó,
quemó las manos de alguien, el cabello,
la cabeza de alguien.
Ahora se acaban aquellas palabras,
se harán ceniza del corazón,
se quedarán para uno mismo…
Es hermoso ahora besar la espalda de la esposa,
la muchacha vistiéndose en un edificio cercano,
el viento frío que acerca su hocico suave
a las paredes,
que toca la nariz, que entra en nosotros
y sigue lentamente por la calle,
por toda la ciudad…

Esquicio del vuelo/ José Mármol
esquicio del vuelo
voy a dibujar un pájaro que es su mismo vuelo. y un vuelo que aún no tiene pájaro. vuelo que se crea con su pájaro. pájaro agotado en los tonos de su vuelo. no voy a dibujar un pájaro volando sino al mismo vuelo dibujándose. y en mi turno de sentirme dios. voy a crear un himno para el viento y la memoria.

Planos del ocio/ Fernando Cabrera
PLANOS DEL OCIO, 1990
(Fragmentos)
Entonces nos situamos frente a una fantástica ventana
y con curiosidad de siglos
miramos el escenario inmenso del todo
Luego nos adentramos en la ociosidad de un pueblo
una ciudad hasta una calle
un cuarto
Develamos el secreto Allí nos infunde
melancolía
el pensamiento de alguien que nos mira
fijamente
y se nos parece
De repente descubrimos que no vemos
que nunca ha habido un rostro
pueblo ciudad casa o cuarto
que nadie absolutamente nadie hurgaba afuera
Afuera sólo el reflejo de la nada
——
Separo mis párpados sin prisa
y se lanzan mientras
las telarañas
Sombras polvo y telarañas
sobre mis miembros entumecidos
colonízanme
y en principio lo consiento
hasta que me gana
la nostalgia
¡LA NOSTALGIA!
¡No
por esta vez no!
Jamás tristeza
de ganarme algo
sea la preocupación
del hombre ordinario
la indiferencia del hombre simple
Incluso exagero
me gane la mediocridad
Estoy harto de metafísica
existencialidades
utopismos
insatisfacciones
y de tristeza
——
¿A mis años qué he construido
por lo que estos años restan?
La cabaña luce arrugas de yagua
grietas algunas
La cabaña
deshabitada
conserva un aire como de
otoño
y unos ojos
hojas de otoño
vendaval hojarascas de esperanza
la enciman
Es amor arruinado
que no es ruina
¡Mentira mentira
visión tú miras!
¿Mentira?
—Lo soy hace tiempo—

Más loca que una cabra/ Rosa Silverio
Más loca que una cabra
Vivo entre cuatro paredes blancas
abrazada a mi camisa de fuerza
perdida en las inexplicables cavidades de mi mente
asida al Prozac, al Trileptal, al Seroquel
huyendo de todos los demonios del pasado
intentando crear una estética desde el caos
rehaciendo con mis manos la poesía
resucitando cada día en la palabra
Yo soy Yo fui Yo seré
Yo intento descifrar la cosmogonía del mundo
desenmascarar al dios inventado por el hombre
crear una nueva teoría de mí misma
desentenderme, desmadejarme
encontrar una filosofía
aferrarme a una teoría de la ciencia
pero mi voz es agua y se dirige río abajo
mi voz no entiende de cálculos matemáticos
ni de física cuántica, ni del big bang
ni de todo aquello que no quepa en mi poética
Mi voz sólo habita en la locura
y en la locura estoy yo y está la nada
yo desafiando los accidentes cósmicos
dudando de cualquier revelación antropológica
La humanidad no tiene explicación alguna
Yo soy el testimonio de un enigma
yo soy la sombra de la que habló Platón
y esta habitación es mi caverna
Yo en primera persona gramatical del singular
Yo la evasión, la rueda, el estallido
yo este encierro voluntario
yo seis metros bajo tierra
yo pegada al suelo con cemento de viejo zapatero
rota y desmembrada
descosida
enferma
paranóica
borderline
más loca que una cabra.

No te enamores de una mujer que lee / Martha Rivera-Garrido
No te enamores de una mujer que lee
No te enamores de una mujer que lee,
de una mujer que siente demasiado,
de una mujer que escribe.
No te enamores de una mujer culta,
maga, delirante, loca.
No te enamores de una mujer que piensa, que sabe
lo que sabe y además sabe volar;
una mujer segura de sí misma.
No te enamores de una mujer que se ríe o llora
haciendo el amor, que sabe convertir en espíritu
su carne; y mucho menos de una que ame la poesía
(esas son las más peligrosas), o que se quede
media hora contemplando una pintura
y no sepa vivir sin la música.
No te enamores de una mujer a la que le interese
la política y que sea rebelde y vertigue
un inmenso horror por las injusticias.
Una a la que le gusten los juegos de fútbol
y de pelota y no le guste para nada ver televisión.
Ni de una mujer que es bella
sin importar las características
de su cara y de su cuerpo.
No te enamores de una mujer intensa, lúdica y lúcida
e irreverente. No quieras enamorarte de una mujer así.
Porque cuando te enamoras de una mujer como ésa,
se quede ella contigo o no, te ame ella o no,
de ella, de una mujer así, jamás se regresa.

Esta ventana / José Acosta.
Esta Ventana
Esta ventana está abierta hacia sí misma:
anillo entre dos sombras,
túnel por donde regresan mis ojos
a mi rincón de sangre.
Esta ventana no está abierta a nada,
no hay un chorro de humanidad
hirviendo entre sus párpados,
ni un camino rodando en su distancia
ni el olor a presencia de algún pájaro.
Esta ventana no está abierta a todo,
no tiene un hombre hundido en su estatura
no tiene una lámpara empujando las tinieblas
no tiene un gato dormido en su misterio
ni una voz trepando los espacios.
Esta ventana está abierta hacia su ventana
hacia su solitaria humanidad
en la pared de un algo.
Esta ventana está abierta hacia sí misma
hacia la inocente realidad de su existencia.











