En medio de los debates sobre equidad presupuestaria y desarrollo territorial, el Cibao Noroeste compuesto por Monte Cristi, Dajabón, Santiago Rodríguez y Valverde, sigue siendo una de las regiones más productivas y estratégicas de la República Dominicana, pero también una de las más marginadas en términos de inversión pública.
¿Qué dicen los números?
Según datos oficiales del Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo (MEPyD), esta región aporta entre 3.2% y 3.5% del PIB nacional, mientras que la asignación presupuestaria directa apenas representa 0.09% del presupuesto nacional. Esta brecha evidencia una desconexión entre el aporte económico de la región y el retorno fiscal que recibe.
En Valverde, por ejemplo, el aumento reciente en inversión pública se debe casi exclusivamente al proyecto de drenaje sanitario en Mao, con una inversión superior a los RD$1,000 millones. Aunque esta obra es necesaria, no transforma la estructura productiva ni genera empleo sostenible por sí sola.

Infraestructura básica vs. inversión productiva
Más del 70% de la inversión pública en el Cibao Noroeste se destina a infraestructura básica —caminos vecinales, electrificación, drenajes— mientras que el apoyo directo a la agroindustria, el comercio fronterizo y las MIPYMES sigue siendo limitado. Esto perpetúa un modelo asistencialista que no responde a las verdaderas necesidades de transformación económica.
Una propuesta para el desarrollo
Ante esta realidad, propongo la creación de una institución intermediaria regional: un ente público-privado con enfoque territorial y capacidad técnica que articule al Estado con el sector productivo. Este instituto podría:
- Promover encadenamientos agroindustriales y tecnificación agrícola.
- Formalizar y fortalecer el comercio fronterizo con Haití.
- Capacitar jóvenes y mujeres para crear MIPYMES sostenibles.
- Monitorear indicadores económicos y sociales en tiempo real.
- Coordinar con DIGEPRES, MEPyD, INFOTEP y el sector privado para alinear inversiones y políticas.
El Cibao Noroeste no necesita más promesas: necesita planificación estratégica, inversión productiva y voluntad política. Si queremos un país más justo y competitivo, debemos empezar por equilibrar el mapa presupuestario y reconocer el valor de las regiones que han sido históricamente marginadas.









