En conversaciones privadas la desazón es mayor. Colegas que han visto y dirigido campañas electorales complejas, aportan entrecomillados sus criterios sobre la que actualmente se desarrolla en Santiago, un municipio que alcanza los 643,432 votantes.
Las razones varían. Algunos aducen que traer “estrategas” de otros países, o ciudades, ha imposibilitado la conexión de los candidatos con las audiencias pues tienen lenguajes y formas distintas (en política lo semiótico lo es todo).
Otros culpan, en superfluo criterio, a la personalidad de los principales candidatos: ambos no dotados de oratoria arrebatadora, ni de encantos especiales.
¿Campaña o candidato?… ¿Contenido o continente?
El problema, a mi juicio, es que no hay problemas. Y desde la invención de las elecciones se vota por o para: esas razones no han sido aportadas.. !he ahí el problema!
Víctor Fadul no habla de un solo problema porque su amparo es “la eficiente y gran gestión del compañero Abel”.
Ulises Rodríguez, ha vendido más la inversión del gobierno central que sus proyectos, descuidando explotar las falencias y pifias de la actual administración.
Santiago ha venido a ser una “ciudad de ensueño”. Por un lado: todo lo organizó, lo pintó, lo ordenó, lo modernizó Abel; por el otro: las grandes inversiones, públicas y privadas, nos harán en la versión 2.0 del prometido “Nueva York Chiquito», versión cibaeña.
Mientras todo pasa con el sabor de que nada está pasando… En dos semanas tendremos un nuevo alcalde electo.







