Ya inició un nuevo año y, de hecho, una nueva agenda política con legislatura compleja y de dudosa duración y eficacia para los enormes retos que, como país, tenemos, ante la ralentización de los servicios públicos, en pleno estado de deterioro, sin explicación responsable que se asimilan como una cultura habitual en el diario convivir de los dominicanos.
Al mismo tiempo continúa creciendo una monumental bronca y crispación política, donde los mass media y las redes sociales actúan de potentes altavoces hacia el ámbito social y, por lo tanto, llega hasta los menores, a la adolescencia y juventud y a su relación entre iguales, con las familias y con los pedagogos.
Esto, en mi opinión, es altamente preocupante, por antipedagógico y antisocial, esquema que desarrolla la sociedad a expensas del pensamiento y en promoción del mercado, con distancia grandilocuente del nuevo liderazgo político.
Cada momento, cada hora, cada día se construye la sociedad del futuro. Cómo va a ser y cómo se va a comportar. Por ello, esta alta agresividad e intolerancia política forman parte de los cimientos del edificio del mañana. Si éstos surgen agrietados, el edificio de la sociedad del futuro será poco consistente en cuanto a los valores humanos de convivencia y tolerancia que toda sociedad democrática debiera exigirse en el plano de la equidad social, y de las oportunidades que debería garantizar el Estado paradisíaco,
Así, que cualquier terremoto, por pequeño que sea, causará estragos en la estructura social que componen la zapata de soporte social.
Esta zafia relación de confrontación que existe en la política dominicana respaldada y jaleada por los “hooligan” fanáticos de cada partido o grupos de partidos, repercute en el estado de ánimo de jóvenes y adolescentes de forma sustancial, del confort oligarca de los poderes políticos que tienen la apetencias de los intereses dominantes de nuestras suciedad.
De hecho, que no se percibe en toda su dimensión por la sociedad en general, ni por la “clase política”, en particular, ya sea por mediocridad o ya sea por falta de escrúpulos, pero que son promovido y valorados cómo una forma moderna de tener influencia en la Franja juvenil del futuro.
La mayor responsabilidad de todo ello recae en los actuales líderes y personas más visibles de cada formación política. Ellas y ellos son los responsables, junto a quienes, desde los medios de comunicación y las redes sociales, influyen notablemente en la infancia, adolescencia y juventud.
Si a esta situación, ya compleja y determinante, se añaden cuatro factores como son: que, en la actualidad, las enormes carencias en Educación Cívica, tanto en el ámbito familiar como en el escolar.
La promoción de la tergiversación de los valores, bajo la convicción del nuevo conformismo mediático, con esperanza mesiánica del Salvador divino.
La actitud acrítica, de la plataforma plutocrática que mantiene mayores privilegios, con el desplome paulatino del liderazgo político pensante.
Por último, las enormes carencias de democracia participativa real de jóvenes y adolescentes en cuanto a su realidad y problemática social y su calidad en el desarrollo, es decir la falta de cauces reales de participación democrática en las decisiones que se toman en los centros de poder donde se decide el futuro y en otros ámbitos vecinales y/o sociales. Porque la democracia y la convivencia se aprende practicándose, de forma real, lo que significa que, si no se practica, se carece de ella.
Sería todo lo que observamos en la conformación de boletas y manipulación participativa ante la nueva oferta política electoral que nos brindan los partidos políticos, actores principales de la incipiente democracia representativa, en la elecciones de éste año (2024,) que nos encomiendan convivir en los actuales momentos electoral.
Como lo define el pensamiento nietzscheano: “lo que distingue las mentes verdaderamente originales no es que sean la primeras en ver algo nuevo, sino que son capaces de ver como nuevo lo que es viejo, conocido, visto y menospreciado por todos” (Friedrich Nietzsche).
La crítica requiere de varios niveles de profundidad analítica. Primero, como un diagnóstico de la situación de los sujetos involucrados en estos procesos, y de las dinámicas y contextos que producen estos fenómenos sociales.
Segundo, como un posicionamiento histórico-político que, no sólo entiende las causas estructurales de estos procesos, sino que, además, cuestiona las dinámicas de violencia, exclusión y marginación que implican las migraciones de oportunidades.
Todo ello lleva a la crispación política diariamente las inquietudes de miles de personas jóvenes y adultos y adolescentes, cuyos sueños y oportunidades son desechados por los consortes y amantes de los oportunistas de clases, o cómo lo definían en otros circuitos las clases parasitarias de los sistemas dominantes.








