En la cultura política dominicana siempre se resalta el culto a la personalidad y la adulonería sin escrúpulos, de aquellos que no quieren verse fuera del pastel, en la fiesta del chivo.
Por esas razones es que somos campeones en la Dictadura y Tiranía más sanguinaria del Caribe y de mayor relevancia. Así como el modelo más corrupto del clientelismo social lo que hay aquí da para todo el mundo.
Ahora, unos energúmenos adulones del sistema quieren que otra vez se implemente el voto sea obligatorio, así con sanciones como las tenía Trujillo aunque no era constitucional, sino represivo.
Y es que estos energúmenos diputados y figuras públicas se han visto ridiculizado que después de invertir grandes millones en marketing político y dádivas y clientelismos, la participación electoral ciudadana maquilladas, con estadísticas, no superara el 50% de la población votantes, y eso demuestra que hay un 50% de ciudadanos que se identifica con el circo político dominicano, donde el liderazgo se forma a base de cuartos, y pechitos parados, no sobre la base social y política de una organización, sino con dinero y adulones, de medios,
Pero además, cuando el modelo político dominicano estuvo dinamizado por nuestro líderes caudillos, nunca hubo que pagarle a nadie para ir a votar, los ciudadanos salían y hacían largas filas para participar en las elecciones, y hubo participación del 80%, del padrón, destacando esto, cómo uno de los países latinoamericanos con más participación electoral,
Y porque esos energúmenos, no estudian y reflexiona con sus fétidos cerebros, que habrá pasado, que en tampoco tiempo, los votantes dominicanos, no se sienten identificado con los actores políticos del momento, y no es por rebeldía, ni por falta de propaganda, ni tampoco por inconformidad con el sistema, electoral, es que sencillamente esos actores políticos no nos llaman la atención.
Es que no garantiza, que con el voto obligatorio será derrotados el hecho de elegir o hacerse elegir con el expreso propósito de montar un negocio personal o familiar, ni nos ofrece blindaje alguno contra los fraudes en los escrutinios, ni le pone una férrea talanquera a las maquinarias clientelistas, ni nos ampara del imperio del dinero, ni le hace un quite a los carteles de los contratistas, ni nos escuda de los empresarios o las empresas mismas escogiendo a quienes legislarán para ellos, ni nos sustrae del preponderante dinero sucio, etc., etc.
Todo ello, como bien se sabe, en el cuerpo de una llaga pútrida y aparentemente incurable que por los tiempos de los tiempos viene afectando la transparencia y la legalidad misma de las elecciones.
México sin voto obligatorio acaba de tener una participación electoral récord para este país de un 80%, de participación electoral, jamás en la historia de ése país se había registrado una alta motivación electoral, y sin voto obligatorio lo logró.
Así que energúmenos diputados y figuras públicas, si quieren que los ciudadanos comunes votemos, trabajen de verdad y hagan su liderazgo, y basen sus trabajos en fortalecer su organización política, no en parásitos que se sirven para deborar los derechos de los dirigentes de la bases.
Quienes ahora se ha venido empeñando en sacar adelante esta inconveniente aventura reformista, no pudiendo ofrecernos argumento distinto que salve el concepto esencial del término democracia, se limita a decirnos que «el voto obligatorio puede convertirse en antídoto eficaz contra estas prácticas corruptas», aunque por fortuna si lo reconocen, eso sí, que «visto en esos términos suena antidemocrático».
Sin embargo, parece que aunque aprehende y defiende el «derecho ciudadano» al voto obligatorio, no expresa igual sentimiento de lealtad con el derecho a la libre expresión sin ataduras, como podría ser la abstención misma.
La libertad individual y ese derecho ciudadano que esgrime, si están poseído por un verdadero espíritu democrático, pueden permitirle a quien quiera que sea, elegir o abstenerse de hacerlo. ¿No es acaso la democracia el sistema de gobierno en el cual la soberanía del poder reside y está sustentada por las autoridades escogidas por el pueblo en elecciones libres?
Hasta ahora, al menos, no hemos visto una interpretación de democracia en donde se diga que la escogencia de tales autoridades representativas del querer popular deberá ser hecha tras la votación obligatoria de todos y cada uno de los componentes de la sociedad que elige. Porque es que una elección democrática es aquella que hacen las mayorías que han participado libremente en la escogencia de un candidato, sin pretender que para que la democracia cumpla a cabalidad su cometido, tal candidato deba ser ungido por las mayorías pero tras la participación obligada de todo el mundo en esa elección. Eso se pierde,
Ese «unanimismo» o frenéticas mayorías muy próximas a él, nos recuerdan aquellas derechas recalcitrantes y dictatoriales con nombres históricamente nefastos tales como Hitler, Trujillo, Pinochet, que sus discípulos aquí permanecen,








