Con el título rememoro la vieja arenga en las marchas colegiales, cuando el líder preguntaba y el resto, a coro, respondía.
Y aunque todavía persisten las marchas de civiles frente al presidente (imperecedera tradición trujillesca), no se marcha como antes, al menos con estas inocentes arengas que me permito recrear:
Pregunto: ¿Y los diputados dónde están? Me respondo con el coro de entonces: “¡Debajo de las sábanas se quedan!”
No aparecen. Salvo las frívolas vallas, sus rostros pasan inadvertidos en estos días electorales.
Ha sido una gestión personalista, procurando erróneamente el voto individual (algunos persiguiendo el ilusionismo de ser “el más votado”), en una carrera en la que han abandonado promoverse junto a sus candidatos senatoriales.
Esta distancia fomenta la dispersión del voto, una tendencia altamente perjudicial, aún las bondades del voto preferencial.
Los oficialistas recostados en la narrativa de viajar montados en un 70 (por ciento) y la oposición procurando que no les afecte los números de las encuestas. Si les resulta complicado el método D´Hondt les será imposible lidiar con algo verdaderamente complejo como deponer egos.
¿Algún candidato a diputado ha entendido que la ÚNICA manera de lograr la elección es sumando muchos votos en la casilla de su partido?
Sí, en una entrevista en Entérate con Bonilla, fui sorprendido por El Cibernético, quien aspira en la circunscripción dos de Santiago y, aunque no conozco sus posibilidades hace lo que se debe.
En general notamos confianza en la mecanización del voto, en que “la logística” haga el milagro que la empatía no logra, manifestándose el Día D.
Lo peligroso no es la campaña, sino la creciente convicción tanto de elegibles como de electores, de que al final gana quien paga.







