Me gusta el manejo de los tiempos en el poema Yelidá, del tamborileño (aunque es un tanto francés) Tomás Hernández Franco.
En su honor hablemos de “un antes”. En esos tiempos en los que la palabra valía compromiso, la trampa era revestida de sinuosidad. Hacerla sin ser descubierto, implicaba el sigilo, inteligencia, astucia.
“Otro antes”, vinieron las denuncias del derrotado, que en insólita narrativa nunca perdió sino que fue víctima de un “fraude”, siempre apellidado “colosal”. Entonces la trampa fue denuncia.
“Un después”, vinieron nuevas formas de hacerla, tecnificadas y perfumadas. Se impuso la “logística”.
“Un paréntesis”, un derrotado denunció, aunque sin consecuencias, que no había perdido sino que fue vencido por el “estado”.
“Otro después”, el “estado vencedor” se ha instaurado como una justificativa manera de actuar y vencer… nadie denuncia, todos somos tramposos.
Final. “Será difícil escribir la historia de Yelidá un día cualquiera”, (así termina su poema el vate dominicano).







