Juan Bautista Pérez Rancier. Nació en Santiago de los Caballeros el 24 de junio de 1883. Falleció después de más de tres décadas de exilio en la ciudad Santa Cruz de Tenerife, Islas Canarias, el 13 de febrero de 1968. Sus padres fueron Genaro Pérez Tavárez y Elisa Rancier Valverde. Inició sus estudios primarios en Santiago en el Colegio “San Ramón” y en la escuela dirigida por Rosita Riobé.
En 1899 ingresó a la Guardia Civil Dominicana comandada por Rafael Espaillat y luego trabajó como escribiente en el juzgado de Santiago. Fue de los jóvenes que combatió la dictadura de Ulises Heureaux Level (Lilís).
En 1901 se estableció en Sackville, Brunswick, Canadá, donde realizó los estudios secundarios, en Mount Allison Academy and Commercial. Se graduó Magna Cum Laude en 1903.
De 1903 a 1907 empleado de una fábrica de pintura en Nueva York. En 1908 regresó a Santiago de los Caballeros. En 1909 se embarcó hacia París, Francia, a cursar la carrera de Derecho en La Sorbona, graduándose de doctor el 20 de noviembre de 1914.

En la nación europea hizo estudios especializados en Derecho Administrativo y Ciencias Financieras. Dominaba los idiomas inglés y francés y luego se dedicó a aprender alemán y latín.
El 20 de noviembre de 1914 regresó a la República Dominicana. En esa fecha tomó un examen en la Universidad de Santo Domingo para revalidar el título de abogado.
Como abogado desempeñó importantes cargos públicos, entre los que se destacan: juez de la Corte de Apelación de Santiago (1915), Gobernador Civil y Militar interino de la provincia Santiago (4 de julio de 1916) y presidente de la Corte de Apelación (1916-1931). Ejerció la cátedra de Derecho Romano en el Instituto Profesional de Santiago. Enfrentó desde la justicia cualquier maltrato y delito cometido por los marines norteamericanos en nuestro territorio.
Néstor Contín Aybar narra un hecho protagonizado por Juan Bautista Pérez Rancier, este escribe: “Del tiempo en que presidía la Corte de Apelación de Santiago, se recuerda su gesto de protesta e indignación al juzgar unos campesinos, cuando deponía ante él, como testigo, el mártir de la intervención militar norteamericana, Cayo Báez. Este Cayo Báez, se llamaba Ramón Leocadio Báez. Había sido sometido a bárbara tortura por el capitán Bucklow, de las Fuerzas Interventoras Norteamericanas. El gesto al que se hace referencia consistió en que al rasgarse la camisa el interrogado Báez y mostrar las huellas de las quemaduras que había recibido en la piel de su abdomen y tórax, el presidente de la Corte, Juan B. Pérez Rancier, ordenó suspender el juicio, alegando que no juzgaría a esos infelices hombres, hasta que no lo fueran, también, los autores de ese y otros crímenes, que permanecían impunes. Imprimió el Magistrado tal énfasis a sus palabras, acompañadas de un fuerte manotazo en los estrados, que hizo saltar y rodar por el suelo, el crucifijo que, de acuerdo con la costumbre de nuestros tribunales, allí se encontraba. Desde entonces recibió Pérez el sobrenombre de “el hombre del Cristo”. (Contín, 1984).

El historiador Román Franco Fondeur, también refiere el acontecimiento: “Don Juan sobresalió como deificador virilísimo del respeto en todas sus dimensiones decorosas, de la ética en idénticos términos, de todo cuanto haya representado esencias nuestras, en fin, de todo cuanto entrañe dominicanidad en sus moldes más decentes.
Es el célebre hombre del Cristo. Cuando un Cayo Báez lleno de tatuajes de la tortura yanqui (ocupación americana de 1916-1924) don Juan, juez donde se presenta el medieval caso y rompe el crucifijo que emblematiza al tribunal, en arranque indignado con que su espíritu nacionalista expresa, sin palabras que no encuentra, su sentir ante la injusticia y el abuso sin nombres.
Es él que deja correr la pluma para dejarnos estampas costumbristas santiaguesas –ese es el gentilicio que usa- en legados de valor eterno, de trascendencias nacionales sempiternas. Es el hombre viril y sapiente, pleno de una cultura cosmopolita, universal, que regresa de la Sorbona graduado de Doctor en Derecho, para darse íntegro en pro de lo dominicano, poseso de un dominicanismo paradigmático”. (Fondeur, 2009).
En sus funciones de Gobernador interino prohibió, el 6 de julio de 1916, la venta y consumo de bebidas alcohólicas. Este hecho quedó evidenciado en el párrafo siguiente: “El gobernador de Santiago, Dr. Juan Bautista Pérez Rancier, prohíbe la venta y el consumo de bebidas alcohólicas y dispone el cierre de los establecimientos destinados principalmente a la venta de licores”. (Concepción, 2017).
Cuatro días después, el 10 de julio de 1916, fue revocada la disposición oficial. El 22 de agosto de 1916 fue sustituido del cargo de Gobernador por el señor Antonio Valverde.
Se casó con la señorita Filomena Marién Moya Franco, de La Vega, el 26 de diciembre de 1917, con la que procreó seis hijos: Genaro, Carmen, Tomás, Batista, Juan y Luis. También se destacó como alpinista, geógrafo y gran defensor de la foresta dominicana. En este sentido realizó incursiones a la Cordillera Central Dominicana.

Se distinguió como un honorable jurista que consagró gran parte de su vida a la defensa e integridad del Poder Judicial Dominicano. En 1922 rechazó la propuesta de postulación a la presidencia de la República. Cinco años después, en 1927, de nuevo se negó a aceptar dicha oferta, esta vez a la vicepresidencia.
En 1930 encabezó una protesta por la supresión que hiciera el mandatario Rafael Leónidas Trujillo Molina a la Corte de Apelación de Santo Domingo. En enero de 1931 rechazó la designación a la Suprema Corte de Justicia. El 10 de septiembre de ese mismo año salió del país temiendo por su vida y la de su familia.
Sus ensayos y artículos en los que se destacan temáticas de las ciencias jurídicas, la sociología y la geografía fueron publicados póstumamente con el título: “Geografía y Sociedad” (con prólogo de Emilio Rodríguez Demorizi, 1972), un aporte a la bibliografía científica de nuestro país, realizado por la Academia Dominicana de Geografía, en su Volumen III.
En Santiago de los Caballeros una calle honra el nombre de Juan Bautista Pérez Rancier y mediante el Decreto No. 233-96 del 3 de julio de 1996, declarado el parque de Valle Nuevo, “Parque Nacional Juan Bautista Rancier”, también el auditorio del Museo de Historia Natural “Profesor Eugenio de Jesús Marcano”, lleva su nombre.

Bibliografía
Concepción, A. (2017). Ámbito cibaeño. Santo Domingo: OPUS.
Contín, N. (1984). Historia de la Literatura Dominicana. Santo Domingo: Editora Taller.
Fondeur, R. F. (2009). Minicosas de un latidesorden. Santo Domingo: letrasgáficas.








