Los teóricos del cuento han sostenido a través del tiempo, que este género es uno de los más difíciles de crear, sucesivamente los críticos literarios, los profesores académicos y no académicos y los diletantes de la literatura lo han considerado así. Yo he reflexionado bastante en este sentido, y llegado a la conclusión que es falsa la aseveración, que ningún género resulta más fácil que otro. Todos los géneros literarios cuentan con técnicas que obligatoriamente hay que conocer y dominar en profundidad.
Eso de géneros literarios difíciles es para mí uno de los tantos mitos que existen sobre la faz de la tierra. Por eso considero inconcebible que avanzada la primera década siglo XXI, se sostenga que el ensayo sea uno de los géneros de técnicas más complejas. Un género literario creado en el siglo XVI, por el pensador francés Michel de Montaigne.
El filósofo español José Ortega y Gasset vaticinaba en el 1925 la muerte de la novela cuando decía: “Pero ahora me importa llamar la atención sobre un defecto de análisis que nos hace atribuir nuestro aburrimiento en la lectura de una novela a que su “argumento es poco interesante. Si así fuese, podía darse por muerto este género literario. Porque todo el que medite sobre ello un poco, reconocerá la imposibilidad práctica de inventar hoy nuevos argumentos interesantes”.
Sostenía, además, el creador de “La rebelión de las masas”: “Por eso es la novela un género esencialmente retardatario-como decía no sé si Goethe o Novalis. Yo diría más; hoy es y tiene que ser un género moroso-, todo lo contrario, por tanto, que el cuento, el folletín y el melodrama”.
Estaba equivocado el pensador español, porque ésta empezaba su despunte a partir de entonces con el realismo mágico, iniciado en Latinoamérica por el guatemalteco Miguel Ángel Asturias (1899-1974), el cubano Alejo Carpentier (1904-1980), el venezolano Arturo Uslar Pietri (1906-2001) y el ecuatoriano Jorge Icaza (1906-1979). Luego esta tendencia fue asumida y enriquecida por Juan Rulfo (1917-1986), Juan Carlos Onetti (1909-19949), Ernesto Sábato (1911-2011), Julio Cortázar (1914-1984), Augusto Roas Basto (1917-2005), Mario Benedetti (1920-2009), José Donoso (1925-1996), Gabriel García Márquez (1927-2014), Carlos Fuentes (1929-2012), Mario Vargas Llosa (1936-…) y Alfredo Bryce Echenique (1939-…), quienes formaron en los años 60 un gremio literario que se llamó “El boom latinoamericano”, impulsado entonces por varias editoras de libros y una eficiente campaña publicitaria.
Todos los vientos actualmente soplan a favor de la narrativa. Tanto así que obras clásicas de la literatura universal que fueron escritas en versos, hoy la encontramos en prosa, por ejemplo: “Ilíada”, “Odisea”, “Electra”, “Edipo Rey”, “Eneida”, “Paraíso Perdido”, “Divina Comedia”, “Orlando El furioso”, “Cantar del Mío Cid”, “Cantar de los Nibelungos” y “Canción de Roldán”.

Escribió una vez el escritor dominicano Diógenes Valdez que: “Se ha dicho en múltiples ocasiones que definir el cuento sería como aprisionar el azogue dentro del puño. A los grandes cuentistas les ha sido imposible convertirse en teóricos del cuento. Tal vez nuestro gran escritor Juan Bosch y ese gran maestro de la narrativa, el uruguayo Horacio Quiroga, constituyen los ejemplos de teorizadores del género”.
Es cierto, no hay muchos libros publicados ni escritores teóricos del género. Pero los cuentos de una gran parte de ellos, ofrecen testimonios del conocimiento y dominio de su oficio. Es el caso del escritor irlandés Oscar Wilde, que en el cuento infantil: “El amigo fiel” publicado en 1888, expone lo que considero la técnica moderna de este género, puesta en práctica durante todo el siglo XX. Decía Oscar Wilde: “Hoy día, todo buen cuentista empieza por el final, prosigue por el comienzo y termina por la mitad. Es el nuevo método”. Sostenía, además, que un cuento no tiene que tener moraleja.
Dentro de los escritores teóricos del cuento, podemos destacar al cuentista, novelista y poeta norteamericano Edgar Allan Poe. Es interesante leer su texto: “Filosofía de la Composición”, en el que plantea: “A mi parecer, cuando se “construye” un relato, ateniéndose al procedimiento corriente, se comete un error garrafal. O bien la historia proporciona una tesis, o esta es sugerida por un incidente ocurrido en la actualidad, o, en el mejor de los casos, el autor trata de combinar los sucesos más conspicuos a fin de que constituyan la base de su narración, llenando generalmente con descripciones, diálogos o comentarios cualquier grieta o vacío, que, tanto en los hechos como en la acción, puede presentarse al correr de las páginas”.
El profesor Juan Bosch, uno de los escritores dominicanos y latinoamericanos más importantes, por la diversidad y calidad de sus obras literarias, política y social, escribió un ensayo que tituló: “Apuntes sobre el arte de escribir cuentos”, en el que expone su visión del género y sus técnicas específicas. En el primer párrafo dice: “El cuento es un género antiquísimo, que a través de los siglos, ha tenido y mantenido el favor del público. Su influencia en el desarrollo de la sensibilidad general puede ser muy grande, y por tal razón, el cuentista debe sentirse responsable de lo que escribe, como si fuera un maestro de emociones o de ideas”.
Como maestro de generaciones de escritores que fue, le dio al texto un sentido didáctico, como si escribiera para el común de las personas, cuando puntualiza: “Lo primero que debe aclarar una persona que se inclina a escribir cuentos es la intensidad de su vocación. Nadie que no tenga vocación de cuentista puede llegar a escribir buenos cuentos. Lo segundo que se refiere al género: ¿Qué es un cuento? La respuesta ha resultado tan difícil que a menudo ha sido soslayada, incluso por críticos excelentes, pero puede afirmarse que un cuento es un relato de un hecho que tiene indudable importancia. La importancia del hecho es desde luego relativa, mas, debe ser indudable, convincente para la generalidad de los lectores. Si el suceso que forma el meollo del cuento carece de importancia, lo que se escribe puede ser un cuadro, una escena, una estampa, pero no es un cuento”.
El escritor argentino Julio Cortázar, expuso también su criterio con relación al cuento, en su escrito: “Del Cuento Breve y sus Alrededores”. En él refiere que: “Alguna vez Horacio Quiroga intentó un “decálogo del perfecto cuentista”, cuyo mero título vale ya como una guiñada de ojo al lector. Si nueve de los preceptos son considerablemente prescindibles, el último me parece de una lucidez impecable: “Cuenta como si el relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida en el cuento”.

Este ascético cuentista considera que: “La noción de pequeño ambiente da un sentido más hondo al consejo, al definir la forma cerrada del cuento, lo que ya en otra ocasión he llamado su esfericidad; pero a esa noción se suma otra igualmente significativa, la de que el narrador pudo haber sido uno de los personajes, es decir que la situación narrativa en sí, debe nacer y darse dentro de la esfera, trabajando del interior hacia el exterior, sin que los límites del relato se vean trazados como quien modela una esfera de arcilla. Dicho de otro modo, el sentimiento de la esfera debe preexistir de alguna manera al acto de escribir el cuento, como si el narrador, sometido por una forma que asume, se moviera implícitamente en ella y la llevara a su extrema tensión, lo que hace precisamente la perfección de la forma esférica”.
En Santiago de los Caballeros, no hay antecedentes de una tradición de mujeres narradoras con excepción de la primera novelista dominicana, Ana Virginia de Peña de Bordas, nieta del poeta, educador e intelectual Manuel de Jesús de Peña y Reinoso, fundador de la sociedad cultural “Amantes de las Luz”.
Esta distinguida dama, escribió obras literarias que fueron publicadas luego de su muerte. Entre ellas las novelas: “Toeya” (1949) y “Seis novelas cortas” (1978) y los cuentos: “La princesa de los cabellos platinados” y “La eracla de oro” (1978). Esta escritora de estilo romántico, murió a causa de un infarto en 1948. Tenía 44 años de edad.
Clementina Smester publicó el libro “Cuentos” (1959). Otra escritora de Santiago formada como pianista y musicóloga, lo fue Aida Bonnelly de Díaz, quien a pesar de haber nacido en el 1926, no fue sino en las décadas del 80 que publicó el libro de cuentos infantiles: “Variaciones” (1984).
Es a inicio del año 1990 del siglo pasado, cuando se vislumbra una presencia de mujeres narradoras, asumiendo con pasión y responsabilidad el oficio literario. Este grupo lo encabeza Judith Fernández, quien publicó la novela “Hija de la Calle” (1992) y “La Epidemia” (1993); Rosa Mery Lora con la novela “Los amores de Anacaona” (1992); Mercedes González con “La luna fue testigo” (Cuentos de Mecho, 1995) y la novela “María Luisa”; Francisca Otilia Domínguez con la novela “Mamá-La tierra” (1996); Eulolia Morel con “El éxodo verde y otros cuentos” (1996); Rosa Julia Vargas con la novela “El rastro de Caín” (1998) y los libros de cuentos:
“Crisantemos y margaritas” (2007) y “Doce cuentos y una rosa” (2011); Maricela Martínez con la novela “Marido de alquiler” (2011). A este grupo le sigue Rosa Silverio, actualmente, residente en España, la cual se inició como poeta con la publicación de los libros: “De vuelta a casa” (2002), “Desnuda” (2005), “Rosa íntima” (2007), “Selección poética” (2010), “Arma Letal, “La destrucción de las palabras” (2012), “Matar al padre” (2012) e “Invención de la locura” (2016). En el año 2014 publicó su libro de relatos: “A los delincuentes hay que matarlos”.
Una escritora que parece haberse retirado del ambiente literario, teniendo mucho qué ofrecer, lo es Johanna Díaz López, ganadora del primer lugar del concurso literario organizado por la Sociedad Global Democracia y Desarrollo (FUNGLODE), con su cuento: “Silverio de tal” (2007). Es autora del libro de cuentos: “Tu ruta, tu revelación”. (2010). Otra escritora con gran talento para la creación del género cuento lo es Daniela Cruz Gil, gestora cultural y de profesión periodista. Ella publicó su libro: “Gastro-cuentos”. (2012).
No podemos dejar de mencionar en este recuento de mujeres narradoras de Santiago de los Caballeros a la periodista Altagracia Pérez, que aunque nació en Santiago Rodríguez, fue en la hidalga ciudad Santiago de los Caballeros, que desarrolló su vocación literaria. Obtuvo el primer lugar del Concurso de Cuento, de la Sociedad Cultural Alianza Cibaeña EN EL 2007. En el 2014, publicó su primer libro de cuentos: “A mitad del sendero”.
Dentro del grupo de mujeres que empezaron a escribir iniciando el siglo XXI, se destaca Sandra Tavárez, quien es contadora de profesión. A ella le sienta bien el oficio de cuentista, porque una de las definiciones del cuento refiere: “Su origen puede remontarse al acto mismo de contar. De las experiencias propias se pasa a las ajenas y luego se inicia el proceso de inventar, de imaginar. Ese paso hacia una actitud creadora determina realmente la aparición del cuento como género literario”.
En su primer libro: “Matemos a Laura”, Sandra abordó con singular estilo, los problemas sociales y humanos que acontecen en los barrios populares dominicanos: la infidelidad, el desamor, el incesto, la droga, el secuestro, los héroes anónimos y los personajes sin abolengos, excluidos de sus derechos básicos. Hay muchos cuentos geniales en su obra, contados desde la oralidad de los personajes, estilo que muy pocos cuentistas dominan.
De esta obra, el escritor y poeta Ramón Gil expresa: “Matemos a Laura”, está permeada por la violencia, el amor contrariado por incomprensión y el desarraigo. Sostiene que sus personajes: “Todos son individuos arrastrando tras de sí una especie de derrota”.
Con muchos aciertos afirma: “Sandra Tavárez nos muestra a personajes que se cruzan entre nosotros por las calles, gente que de algún modo conocemos o de quienes hemos oído hablar y escribe desde una especie de Neorrealismo desde el que nos hace un guiño cómplice”.
En su segundo libro: “Límite invisible”, se manifiesta como una cuentista con estilo propio. En esta obra la espontaneidad expresiva de los personajes es asombrosa. Los temas escogidos por la escritora se desarrollan en barrios populares. Sus protagonistas y antagonistas, se caracterizan por vivir en un ambiente permeado por la droga, el juego de azar, la violencia extrema, el hurto, el amor, el desamor y la promiscuidad.

“En tiempos de vino blanco” es su tercer libro de cuentos. El vino, como sabemos, es considerado la bebida de los dioses. Muchos pasajes bíblicos elogian sus atributos. Hay quienes dicen que cuando le quitaron la vida a Cristo, alguien expresó molesto: ¿Quién fue el bruto que mató al que convertía el agua en vino? Omar Khayyam, el gran poeta persa, hizo de su poesía un canto eterno a esta bebida espirituosa.
El filósofo José Ortega y Gasset, en su ensayo: “Tres cuadros del vino (Tiziano, Poussin y Velázquez)” plantea: “El vino da brillantez a las campiñas, exalta los corazones, enciende las pupilas y enseña a los pies la danza. El vino es un dios sabio, fecundo y danzarín. Dionysos, Baco, son un rumor de fiesta perpetua que cruza como un viento caliente las hondas selvas vivas”.
El pintor renacentista Tiziano, dijo: “El vino lleva la pura materia orgánica a una potencia espiritual”.
El título “En tiempos de vino blanco” me resultó curioso, por lo que inicié en la obra una búsqueda que satisficiera mi inquietud. Entonces, encontré la respuesta en el cuento que da título a la obra: “Desde muy joven las bebidas han marcado una época en la vida de Sandra. Cuando empezó a practicar artes marciales, el trago oficial de todas las reuniones era Ginebra con jugo de naranja (…) pero los tiempos de Ginebra fueron los más sanos y divertidos de su vida. Luego decidió estudiar francés y ahí empezaron los tiempos de vino tinto, esa no fue solo una época de aprender idiomas sino también de su pasión por los libros, devoraba todo cuanto llegaba a sus manos, además entró a la universidad a estudiar Ingeniería Química y en esos tiempos conoció a George”.
El primer cuento del libro lleva por título “El trato”, el que cuenta la relación de un joven de clase media con una trabajadora sexual, de la que se ubican en horas nocturnas en el área Monumental de Santiago de los Caballeros. Es una prostituta con cierto glamour, puesto que tiene vehículo propio y su clientela pertenece de la clase media y alta.
El segundo cuento: “El hombre, el niño y el gato”, trata sobre la historia de un hombre que lo poco que consigue recolectando botellas lo utiliza para alimentar a un niño, a un gato y a sí mismo. Es la realidad cotidiana de los dominicanos pobres, que Sandra trasciende en su narrativa. Este cuento me recuerda a los de su primer libro: “Matemos a Laura”, en donde los seres humanos viven en la miseria económica, social y espiritual, como si purgaran un karma. En el cuento el niño muere víctima del hambre, el gato se marcha de la casa, y como en el cuento “Los Amos” del profesor Juan Bosch, el recolector de botellas se va esfumando hasta desaparecer de la vida.
“Cita a las cinco”, es uno de los cuentos mejor logrados del libro, bien manejada la trama, la atmósfera, el ambiente y el tiempo interior de la narración. Trata de un demente que propina una galleta a una ejecutiva, mientras ésta caminaba por la calle. Ella pensó matarlo al instante, pero se dio cuenta que había dejado su arma en el vehículo. Luego de realizar algunas diligencias en el banco, se retira a su oficina donde reflexiona lo acontecido. Al día siguiente, a las cinco de la tarde como el famoso poema de Federico García Lorca dedicado a su amigo torero Ignacio Sánchez Mejía, se dirige al parque donde se sienta en un banco. Próximo al suyo está el demente, como es lógico no recuerda lo sucedido el día anterior.
En “Como en la broma” describe la vida sentimental de dos jóvenes, en el que el muchacho manifiesta su enojo porque su novia se marchó hacia un campamento político de izquierda y lo había olvidado, ni siquiera le había dirigido un mensaje. Lo de La broma, consiste en que mientras él le envía una postal con una nota ¡Viva Trostki! Ella le dice por correo electrónico ¡Te amo! Es un cuento que mezcla sentimientos amorosos y políticos.
El cuento “En tiempos de vino blanco” expone el drama de una mujer que decide visitar de sorpresa a su esposo en la empresa constructora de éste. El desarrollo de la trama empieza cuando la esposa encuentra a una arquitecta que hacía una pasantía sosteniendo relaciones sexuales con el marido en la oficina. A partir de entonces se suscitan dramas que destacan la infidelidad.
“El visitante” es un cuento fantástico, como los del escritor alemán Amadeus Hoffmann Theodor. Este cuenta la historia de un personaje celestial (El visitante), el que fue enviado al consultorio del doctor, no como paciente sino para convencerlo de que ya era hora de su partida. El doctor, acompañado del visitante realiza una retrospección, donde mira a sus pacientes a través de la pared del consultorio, a niños, jóvenes y adultos; luego a sus hijos pequeños en el salón de clase y finalmente a su esposa en la casa viendo la hora del reloj. El visitante espera paciente, es la muerte y el doctor, su víctima.
El libro de Sandra Tavárez está compuesto por 25 cuentos, todos breves, no minicuentos como los del guatemalteco Augusto Monterroso, ni cortos con pantalones largos como los del Manuel del Cabral. Sus textos no alcanzan las tres páginas. En ellos emplea las técnicas modernas de la narrativa, con sus excepciones: el punto de vista, el centro de interés, la retrospección, el suspenso, el tono, el modo de expresión y el estilo. Hay personajes omniscientes en sus cuentos, donde la autora asume la caracterización de los personajes. Muchos de sus cuentos están narrados en segunda persona, más que en primera.
En esta obra de Sandra Tavárez hay referencias reiteradas a bebidas alcohólicas, en especial al vino y al vodka; así como la poesía y narrativa de Jorge Luis Borges hacen alusiones permanentes a cuchillos. Sabemos que la primera no es alcohólica ni el segundo fue suicida.
Ejemplo: “Te fuiste a un bar. Ordenaste una botella de Chardonnay. Tratabas de perderte en cada sorbo”. “Sabes lo que le gusta tomar, sin embargo cuando le pregunta, lo que pide es Vodka con limón”. (El Trato).
“…bajaba los sacos de la carretilla muy despacio y con paciencia empezaba a sacar las botellas, separando las de cervezas de las de whisky, ron y cualquier otra bebida alcohólica”. (El hombre, el niño y el gato).
“A él no quieres mirarlo, pero su rostro se ha reflejado en la copa de vino medio vacía, que yace sobre la mesita de noche”, “Te sirves una copa de vino, tomas un sorbo y la sabana continúa con su largo camino hacia la nada”, “Una gota de vino caído sobre uno de los envases de pintura”, “Toma un trago directamente de la botella”. (El infierno).
“Dicen que el alcohol es un depresor del sistema nervioso central y que al mezclarse con la soledad o el vacío podría impulsarnos a perpetuar acciones inconscientes a veces reprochables” (Como en “La Broma”).
“Deciden tomar un trago para bajar la tensión, han destapado una botella de Vodka y empiezan a servir los vasos”, “Ellos insisten que te tomes algo de “Vino de blanco”, “Empiezan a buscar por toda la casa y encuentran en la habitación del tío Antonio una pequeña botella de Chardonnay”, “Uno de tus primos te pasa una copa con vino blanco, la mira con detenimiento”, “Cuando llegaron ella le pasó una copa de vino tinto”, “…al despertar se entristeció porque ya no había vino tinto”. (En tiempos de vino blanco).
“Ella dice que por andar manejando borracho, ella perdió a su única hija, que era lo que ella más quería en el mundo”. (Los amigos de Papá).
“Pasaba los días en el juzgado o en la oficina, regresaba cansado a la casa, se quitaba los zapatos, se sentaba en un sillón reclinable, encendía el televisor y se servía un trago de Cointreau”. (Oscuro deseo).
“Observas la botella de vino que durante años te ha acompañado”, “Si el vino es eterno, el placer es…vino tinto”. (Vino Tinto).
Concluyo diciendo que a Sandra Tavárez le cabe el mérito de ser la iniciadora del cuento breve en Santiago de los Caballeros, dentro de la corriente literaria de mujeres escritoras.
Presentación de la puesta en circulación Sociedad Cultural Alianza Cibaeña, 2016.







