¡Nadie puede dudarlo: tenemos la campaña que queríamos!
Por décadas fue un reclamo en medios, conversaciones privadas y hasta de los mismos políticos de que “las campañas debían evolucionar”.
Queríamos que dejaran las calles con sus escandalosos mítines, que fueran eliminadas las desconcertantes “tumbacocos” (los camiones dotados de equipos de sonido); queríamos el no despilfarro de recursos en afiches, volantes y demás basura electoral.
¡Y eso tenemos!
Demandamos que los candidatos hablasen con propuestas, que los discursos fueran conceptuales y no solo de denuncias, que las aspiraciones se sustenten en datos y amparadas en programas… y eso hemos tenido: los presidenciales y hasta los legislativos (que no deben tener propiamente plan), han visitado desde altares hasta asociaciones empresariales y de las más diversas oenegés.
Criticamos las innecesarias caravanas, los anticuados mítines, las decimonónicas “concentraciones”.
Cancelamos de un porrazo los largos y cervantinos discursos para dar paso a mensajes grabados de 2 minutos donde todos dicen exactamente lo mismo con lenguaje mas que llano, pobre.
Los medios tradicionales (televisión y radio) descansan del bombardeo publicitario y sus espacios se preservan libres y objetivos porque los políticos no los cargan con su publicidad en un mayúsculo esfuerzo ético de cuidar la prensa.
¡Este 2024 estamos teniendo la campaña que siempre habíamos deseado!
Luchemos por preservar estas “conquistas” y redoblemos esfuerzos para alcanzar más indiferencia ciudadana hasta lograr que el pagar por un voto no sea rentable para los traficantes de la democracia que compran elecciones.
Debemos estar felices con esta campaña… ¿verdad?







